Ir al contenido principal

DÍAZ, LÓPEZ Y SÁNCHEZ

Suena a terna: Díaz, López y Sánchez. Terna de tres de la que sólo puede quedar uno o una. Si es uno, la cosa se precipita como un partido ingobernable sesgado por esa multitud de incoherencias que gravitan en la frente de un Sánchez asistido por el entusiasmo de las bases y a la vez destruido por los dos peores resultados de la historia. Si es Díaz, arropada por la gran nomenclatura del socialismo felipista y zapateril, la pretendida revolución izquierdista de Sánchez se irá desvaneciendo hasta que sólo se acuerden de él el inagotable alcalde de Jun y probablemente Sara Orradre, una de sus más entusiastas valedoras en La Rioja. López por su parte no puede ganar pero estoy seguro de que acabará venciendo(se) hacia la postura que logre el mayor número de papeletas. Su papel de gran moderador en el debate del lunes parecía tan forzado, tan fuera de contexto como el de propio Sánchez y la implacable Díaz, que cuando sacó su espada no tuvo el más mínimo reparo en introducirla en el corazón del antiguo secretario general, tan débil de remos como impostado en un discurso político tan liviano como la respuesta a la pregunta de López. ¿Qué es una nación? Un sentimiento, balbuceó Sánchez, orbitándole un atribulado parpadeo y un adolescente temblor de piernas ante semejante pregunta de primero de Ciencias Políticas. El PSOE quedó tan desnudo en el debate que me resisto a pensar que allá dentro exista tanto vacío. Se imaginan un debate parecido en el PP. Digamos que Levy, Maroto y Cospedal buscándose las habichuelas por su cuenta. Maroto en plan López, de mediador; Levy escorada hacia Ciudadanos y Cospedal jugando la carta de la moderación. Me muero. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

Entradas populares de este blog

NI PLUMÍN NI TINTERO

Los periodistas –al menos yo– somos tipos vanidosos que necesitamos que jaleen nuestro trabajo como si el hecho de juntar verbos con predicados tuviese más mérito que no olvidar que nunca se ha poner la coma entre los primeros y los segundos. En mi caso, a veces la coloco porque la memoria es más frágil que la sensibilidad y cuando creemos que lo sabemos todo en realidad lo que sucede es que estamos más muertos que ayer, que era exactamente el día en el que estábamos perfectamente convencidos de que lo sabíamos casi todo. Así que seguro ya de mi ignorancia e investido con el supremo descaro para opinar cualquier fruslería, no me queda más remedio que plantarme a los pies de la petulancia para cantar resignado y consciente mi derrota. Me declaro culpable de hablar sin conocimiento, de opinar de todo sin rascar ni bola; de hacerme el listo, el engreído, el de gustos refinados y no les digo el guapo porque la imagen de arriba habla por sí sola de la belleza científica del que esto afirm…

NO ME QUEDAN SITIOS PARA LLORAR

A veces pienso que en Logroño apenas me quedan sitios para llorar, lugares remotamente cercanos para que la memoria se desoriente embozada entre mis recuerdos de aquellos grupos de viejillos que paseaban como deambulando hacia ninguna parte y que tanto echo de menos ahora, cuando las calles se entreveran de ciclistas y ‘runners’ adosados a sus auriculares de estaño. Hace unos días me dio por hacer un experimento entre ridículo y cochambroso: me fui a caminar tratando de ser una de esas estatuas relamidas por la herrumbre del tiempo y pasar desapercibido y contemplar una ciudad que cada día se encuentra como más deshabitada, más lejos de sí misma, centrípeta y rodeada de decenas de seres autómatas embutidos en su propia soledad. Cuanto más moderno es el paisaje más aburrido me parece todo, más me cansa esa sucesión de calles anchas y parques vacíos sin niños ni viejos. Recuerdo que cuando iba a parvulitos logré la hazaña más grande de mi existencia. Uno de mis abuelos se olvidó de ir …

VIVA LA SORIANA NACIÓN

Llevo una temporada acuciado por España, un tiempo inquieto y sobresaltado por las noticias que alumbran su nueva redefinición. Hace unas semanas saltó a la palestra la idea de que España (que todo el mundo sabe que no existe) es en realidad una nación de naciones. Lo dijo Sánchez y lo aprobó el PSOE en su último congreso. ¿Seremos en realidad una nación de tales cosas?, me pregunto. Eso sí, la soberanía nacional es una y reside en el conjunto de los españoles, matizó alguien de la nueva cúpula socialista. Yo puse un tuit al PSOE de La Rioja (sin respuesta todavía) para conocer si dentro de la nación de naciones que es España, La Rioja cambiará su estatus de comunidad uniprovincial a nación. Cuando yo nací lo hice en una provincia de Castilla la Vieja; después, al rendir mi infancia resulta que ya éramos comunidad autónoma, y ahora, que ando frisando los cincuenta me preparo para vivir en la nación riojana. Y todo ello sin moverme, sin coger el autobús (ni el de Josep Pla) ni un tren…

EL PCE YA ES NADA

La moción de censura de Pablo Iglesias contra el Gobierno de Mariano Rajoy ha supuesto la constatación de la defunción absoluta y trágica del PCE (e Izquierda Unida) en la argamasa de Podemos, sus confluencias, los anticapitalistas y los únicos grupos que han votado a favor de la estrategia morada: la ERC independentista y antiespañola de Joan Tardá y Gabriel Rufián, y Bildu, heredera directa de la ETA, dos partidos que están a favor de la ruptura de España y de su Constitución. Es triste comprobar cómo de la mano de Garzón aquella fuerza política que durante el franquismo y la transición capitalizó la lucha de las izquierdas españolas por la libertad a costa de la vida y la hacienda de muchos de sus militantes, ha abandonado definitivamente su idea de una España democrática y sin privilegios para diluirse y sustentar su estrategia política exactamente en todo lo contrario de lo que propiciaron históricos de su causa como Santiago Carrillo, Marcelino Camacho o Ramón Tamames. La Junta…

SUEÑOS

De pequeño tenía dos sueños recurrentes. En el primero me veía tumbado sobre las vías en la trinchera del ferrocarril y asistía inmóvil e impotente al bufido de una locomotora que no terminaba nunca de atropellarme. Veía la máquina acercarse desde lejos a toda velocidad y sentía cómo era incapaz de levantarme y evitar aquel tormento interminable. Tenía los brazos y las piernas fundidos con los raíles, me pesaban tanto que no había manera de moverlos. Y por si fuera poco, el tren –a toda velocidad– nunca me asesinaba aunque yo ya me consideraba hombre muerto. Era una sensación terrible de impotencia, pero muy diferente a la que me arrasaba en el otro duermevela: me acosaba el miedo de caer desde lo alto de las torres de La Redonda y ensartarme en los picudos barrotes de hierro del entramado de rejas que protege el retablo pétreo de su fachada. No sentía nada, había un silencio casi reconfortante y desde lo alto me veía atravesar la plaza del Mercado a todo correr completamente desnudo…