19 febrero, 2017

AQUÍ NUNCA PASÓ NADA

La casa de aperos como síntoma de lo fútil que es la política riojana. No son aperos, mi señor Don Quijote, que donde usted cree ver azadas, azadillas, azadicos, zachillos garbanceros, guadañas, zurrones o bieldos, en realidad dicen que le ha soplado un fiscal a otro que no han levantado por lo bajini un señor chalé, con amplios dormitorios, solarium, jardincitos y hasta aseos con agua caliente, bidés varios y alicatados de los que quitan la respiración. Vieja historia en La Rioja, sonidos resabiados y ecos rancios de una época no tan lejana que no quiere extinguirse o que no quieren que se muera. Y al fondo del pasillo de la hiperbólica casona de Villamediana –que me recuerda al fortín de Ben Laden en Abbottabad– el próximo congreso regional del Partido Popular, con el dueño del susodicho chalet en el vórtice del huracán y en las grotescas portadas de los papeles de la ira de Madrid. Ahora, con el debate de la alta política del siglo XXI, que consiste en discernir el ir y venir de las órdenes entre los fiscales, vuelve a florecer el expresidente regional, que sigue gobernando el PP local y que resiste heroicamente en la vicepresidencia del Senado. Y el Palacete de Vara de Rey al fondo, que no es chalet aunque parezca en ocasiones casa de aperos, con sus azadillas, sus azadicos y hasta alguna que otra guadaña sobrevolando los despachos como si fuera un búmeran, porque donde las dan las toman y es preciso coger sitio fetén de cara al futuro que está aquí ya mismo. Unos callan y otros también. Es más, a Sanz le preguntaron en TVR por el asunto y dijo aquello de Jordi Pujol: «Hoy no toca». ¿Se acuerdan? Es decir, la casa de aperos como síntoma de que aquí nunca pasó nada. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

11 febrero, 2017

NO BUSQUEN CERTIDUMBRES

Es invierno. Aprietan los aires revueltos. El frío se encarama por los tobillos prietos, por la taleguilla y como un caracol se introduce por la espalda breve y las costillas recompuestas de tantos palizones. Manos de fibra, dedos cincelados, de hueso duro pero de yema táctil como la nata, como las muñecas antiguas que se retuercen cóncavas y convexas para fusionar cada célula del hombre con la urdimbre inconsciente de las telas. Son dos arquitecturas microscópicas, dos eslabones perdidos que cuando se fusionan describen una gramática que supera al silencio y al tiempo para rescatar de los anaqueles más remotos las huellas de una manera de hacer que se escabullen en el compás más profundo de los viejos maestros. Me gusta imaginar cómo entrena Urdiales en las mañanas grises de invierno. Cómo estira su capote y lo mece sin temblor entre las caderas ateridas con el tranco imaginario del toro que en ese momento le acontece. Hay toros invisibles que disimulan que lo son pero Diego los ve venir, como los ha visto desde siempre. Por eso se suele deshacer de ellos sin jeribeques y a otra cosa. El invierno es granito, de toreo clandestino de plaza vacía, olés íntimos, zapatilla y manta por las veredas sin persignaciones. Cavilaciones, miradas secretas, toda la mente se enciende como por ensalmo. Caminata para que bombee el corazón y se llenen de calma los pulmones. Sudor con frío a la sombra, agua de nieve que llevarse a la boca para que sonría la primavera. No busquen certidumbres, aquí solo vale la vida, darse a ella sin pausa ni palabras trémulas que nos quiten el miedo. Es el toreo, nadie ha dicho que ésta sea la última palabra. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

08 febrero, 2017

SUICIDIO

Que se desplome la Casa del Cuento tiene algo poéticamente seductor, más allá de lo pomposo del nombre y de lo que pueda dañar a las siempre ávidas arcas municipales. En Logroño somos peritos en casas, tenemos la de las ciencias, la de los periodistas (nótese el plural de ambas), la de la imagen, la de Andalucía, la de la danza y aquella de las tetas, que recibía el apelativo popular por las muchas cariátides en cueros que sujetaban balcones y adornaban ventanas y que a la postre quedó en el arcén del olvido de la inquieta piqueta logroñesa. La ciudad ha acribillado buena parte de su patrimonio sin complejos, por esa absurda creencia en el progreso de tabula rasa, de tierra quemada. La Casa del Cuento, nombre grotesco donde los haya, creo que ha tomado la sabia e inapelable decisión de suicidarse. Violada por dentro, sujetaron su piel a base de una suerte de andamios que la hacían volar y permanecer como si no hubiera pasado nada. Ella se sabía disecada, congelada en el tiempo y querían los arquitectos que pareciera la misma de siempre, pero no... Estaban cometiendo con ella (la casa, el chalet o el colegio de parvulitos) una especie transfiguración traicionera. «Dejan mis muros ajados para sostener la memoria pero me vacían por dentro porque soy una inútil. Les sirve mi piel pero no mi alma, me sostienen de mentira pero borran mi rastro. Así que me suicido», barrunto que pensó. Y eligió una tarde de invierno que no hacía ni frío ni calor, una tarde seca, sin viento para que el polvo de la catástrofe no molestara demasiado a los vecinos y la oposición tuviera algo que decir de la ausente Cuca. Ha dejado claro que se quiere morir, pero tengo para mí que nuestros munícipes querrán seguir sosteniendo su rescoldo con nuevos trampantojos arquitectónicos, con más palabras y definiciones vagamente literarias. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

29 enero, 2017

BILOCACIÓN

La bilocación. Si uno se introduce en la wikipedia aparece la definición exacta de este milagro: ‘Bilocación (de bi- y del latín locāre ‘colocar’) es el término utilizado para describir un fenómeno paranormal, sobrenatural o divino, según el cual una persona u objeto estaría ubicado en dos lugares diferentes al mismo tiempo’. Es decir, aquí y acullá a la vez, como le sucedía a María de Jesús de Ágreda, una santa soriana del siglo XVII que sin salir de su convento en las faldas del Moncayo se aparecía cada noche en Nuevo México y Texas, donde evangelizaba y enviaba a los indios a pedir el bautismo a los misioneros franciscanos. La ‘Dama azul’ llamaban a aquella monja mística que era capaz de tejer mantas con motivos geométricos de las tribus del Río Grande, asesorar al monarca Felipe IV en cuestiones de Estado o defenderse de Tribunal de la Inquisición sin salir de su celda soriana. Todo en uno. Nadie asegura que sea verdad su increíble capacidad, sólo la fe de los creyentes. En política sucede algo parecido. Intentan convencernos de que son capaces de todo. Por ejemplo Sanz, que ha asegurado de sí mismo que «se ha planteado que Pedro Sanz se va, pero a lo mejor se queda y se presenta Pedro Sanz». Tres bilocaciones en una frase. Dice de sí que especulan que se marcha pero que también se queda y es posible que hasta se presente. Trilocación: ‘Tres lugares diferentes al mismo tiempo’. ¡Qué grande! La verdad es que se le echa de menos a Sanz porque da ‘vidilla’ a la grisura mediática contemporánea regional. Creo que al final montará sus propia FAE riojana, como un think-thank del sanzismo, el presidente bilocado que se presenta cuando dicen que se va pero a lo mejor se queda. Y todo esto sin contar con la revocación del juez Orga, que ha transformado en pura espuma el barro aquel de la ‘casa de aperos’. Y no parece un milagro. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

22 enero, 2017

PATRIA

Es una enfermedad, un mal que destroza el cerebro y seca el corazón. Late lo justo para vivir, lo necesario para bombear la sangre y que los órganos no se hielen de la misma forma que se congela todo alrededor. Estoy leyendo compulsivamente la novela ‘Patria’, de Fernando Aramburu, un sobrecogedor relato en torno al fanatismo nacionalista y el terrorismo de ETA y la forma en la que la metástasis del fascismo y la violencia política se introdujo en la sociedad del País Vasco destruyendo familias, personas y toda suerte de relaciones sociales en pos de una especie de ideal que nadie conocía a ciencia cierta pero que funcionaba singularmente como una coartada para admitir la muerte de un vecino o de un amigo, o para destruir socialmente a cualquiera que fuera acusado de colaboracionista policial o, sencillamente, de ‘español’. La novela tiene su punto de partida en San Sebastián, precisamente el día que la banda terrorista anuncia el abandono de las armas –el fin de ‘la lucha armada’ en términos patrióticos– cuando la viuda de un empresario guipuzcoano asesinado acude al cementerio de Polloe a contarle a su marido muerto que ha decido regresar a la casa donde vivieron y al pueblo al que le hicieron la vida imposible con pintadas por las calles y el vacío más absoluto en los bares o en la escalera vecinal. El relato tiene una agilidad literaria inconmensurable, describe con precisión barojiana el aroma de las casas y el hedor de las ‘herriko tabernas’, del maniqueísmo y de la indigencia intelectual de pretendidas ideas revolucionarias. Es un estudio sobre el fascismo y sus derivadas mortales, un soberbio relato sobre el odio y la cobardía; una mirada sobre un tiempo (del que queda mucho todavía)_en el que la aceptación de la muerte y de la violencia sin cuestionarse nada te convertía en un ejemplo de conducta social. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

ALEGATO CONTRA LA AFECTACIÓN

Un cante que te atraviesa con una nitidez sin la menor mota de afectación; un cante cristalino y de una finura cada día más expresiva y emocionante. Así estuvo Mayte Martín el jueves en el Bretón desde que comenzó por granaína hasta que culminó su bellísimo concierto por fandangos naturales con el público aclamando esa manera tan personal de transitar por el flamenco. Mayte Martín cada día canta más despojada, más desnuda; todo lo que es innecesario lo aparta para competir con el silencio, para arañar del cante la pura esencia de lo que es. Sabe el fruto a su raíz, que escribió Lope. Y así brota el flamenco cuando pasa por la garganta y el alma de una cantaora que se consuma en su máxima expresión por la batalla sin cuartel que ha emprendido contra la vulgaridad; respeto absoluto a una memoria que adora y entronización de la belleza. Para empezar se marcó dos bellísimos cantes por granaína, dichos con soberbia delicadeza, con una sutileza tan asombrosa que parece imposible cantar más hermoso. Había puesto el nivel por todo lo alto con una musicalización expresiva y también sustentada en el toque de Salvador Gutiérrez, todo un maestro que dotó al concierto de una vibración especial con su sólido compás y la flamencura de su sonido. Mayte estuvo muy honda por soleá, palo especialmente luminoso en una garganta que lo bordó por cantiñas -cuánta majeza- o esa eclosión final por bulerías rayanas a lo bélico pero servidas en bandeja de plata por esta catalana fina y personal, sin duda la voz más auténtica del flamenco contemporáneo. Mayte canta diferente porque es distinta a todo el mundo, pero esa distinción nace de un profundísimo conocimiento de los cantes que la lleva a seleccionar cada palo y dentro de él las composiciones más ricas de melodía y letra. Todo lo que hace sobre el escenario lleva el signo de complicidad con el público y un obsesivo afán de perfección en cada uno de los arrabales de su actuación. Pero si existe algo que me conmueve es su fidelidad a lo que representa. Ha logrado establecer un rico y profundo diálogo con el flamenco para lograr que cada concierto sea completamente distinto, dar sentido y relato para que no se la coma la rutina. Por eso embelesa, porque tiene el don del cante y el valor del artista que detesta la autocomplacencia. Existe en su carrera como un desafío constante contra la naturaleza del pesimismo, de su inteligencia y pasión depende uno de los últimos reductos del cante, un espacio en el que no hay lugar para la especulación o la trampa. Así es Mayte Martín, un bicho raro que canta y hace lo que le da la gana. 

o XXI JUEVES FLAMENCOS Cante: Mayte Martín. Toque. Salvador Gutiérrez. Primer concierto de abono. Teatro Bretón (lleno). Jueves, 19 de enero de 2017. Crónica publicada en Diario La Rioja

Mayte Martín: «Cuando canto flamenco clásico me siento como un arquitecto rehabilitador»

Grabación de la entrevista para
 el canal Flamencos en Ontañón
La cantaora catalana Mayte Martín abre el ciclo del Teatro Bretón hoy a las 21 horas con la guitarra de Salvador Gutiérrez

Para Mayte Martín el flamenco es construir un pequeño universo de matices para dar forma a un sentimiento: «La creatividad que tienes que poner ha de ser muy medida, muy cuidada y muy sutil para que la obra sufra el más mínimo menoscabo». Así se expresa esta cantaora catalana que regresa a Logroño para abrir los Jueves Flamencos en el Teatro Bretón y trasladar su voz y su espíritu por el cante clásico, un legado que adora, conoce y respeta como un tesoro.
-¿Puede existir creatividad cantando flamenco?
-Siempre me he dedicado a recrear, restaurar y rehabilitar cantes clásicos y pasarlos por mi filtro y mi particular manera de entender este arte. Creo que en ese ejercicio personal de recreación también existe una carga de acento muy personal e íntimo que en este caso pongo al servicio de algo que ya está construido. Considero que es una manera de expresar mi propio yo muy hermosa y sutil. Hay que partir de la base de que ese gran patrimonio del flamenco clásico es un legado musical excelso y que lo que yo aporto al interpretarlo lo realizo con un cuidado y un respeto total. Me siento un poco como un arquitecto rehabilitador cuando canto flamenco clásico. Tiene que pasar tu mano sin que se note que ha pasado.
-Es como una restauradora ante una obra...
-Sí, como que se nota el paso del tiempo. El flamenco que se escucha después de la Niña de los Peines, Chacón o el Cojo de Málaga es maravilloso pero existen detalles musicalmente refinables. Un poco es donde me sitúo. Me parece absurdo cuando la gente dice que hay que modernizar las letras... Creo que no tiene razón porque los sentimientos que nos acucian ni se renuevan ni se modernizan. Lo que merece ser plasmado en un poema o en una letra nunca pasa de moda, son sentimientos y siempre son actuales. En lo que se refiere al flamenco, la mano de un artista contemporáneo lo que tiene que hacer es musicalizar, no quitarle su núcleo emocional ni su fuerza expresiva. Eso no hay que tocarlo porque tiene una solidez incuestionable.
-¿Por ejemplo, cuando canta una malagueña dónde se nota su mano?
-Desde la selección del repertorio, partiendo de la base de que la panoplia de cantes y estilos es enorme. De las cincuenta que pueden existir cada artista decide cuáles son las cinco, seis o siete que le interesan. Eso a nivel musical, luego está el aspecto literario de rescatar letras, las que más te gustan o las mejor construidas no sólo morfológicamente sino también por su valor fonético, que es un detalle al que yo le doy un enorme importancia. Existen letras que vibran de una manera más consistente y contundente que otras. Y es por fonética, más allá del significado del poema. Las letras tienen que transmitir un mensaje potente y ser especialmente sonoras y fonéticamente bellas. También tienes que ser capaz de detectar los pilares musicales de ese estilo y darle el carácter que se merece. En esto es básico comprender qué cosas no hay que tocar y las que sutilmente pueden ser mejorables. De alguna manera construir ese diálogo que se establece entre el cante y la guitarra. Se trata de crear una composición con todos estos detalles; va mucho más allá que ponerte al guitarrista al lado e ir haciendo cantes y letras indiscriminadamente.
-Ese mimo a la libertad que ejerce en su carrera no será fácil acompasarlo con los intereses de un mundo en el que se exige por encima de casi todo o de todo el éxito.
-Tiene un precio y a veces me las hacen pasar mal porque no entro ni pienso entrar en lo requerido por la industria y las discográficas... Todo eso se me hace pagar; todo el mundo me respeta pero no me quieren en sus casas. Un artista que sabe lo quiere, que toma sus decisiones y no se puede manipular es muy incómodo y esto hace que yo me encuentre en una situación dura por un lado pero preciosa del ‘yo me lo guiso, yo me lo como’. Lo único que te queda ante esta tesitura es construirte tu propio reducto y tener a gente a tu lado que se identifique con ese camino que he decidido emprender, que te apoye. Yo tengo ya mi propio sello, mi propia empresa. No me gusta que nadie me cuestione ni que me extorsione a la hora de tomar mis decisiones.
-Sin embargo, allá donde va tiene un reducto de seguidores muy fieles sea por flamenco, boleros o los poemas de Alcántara...
-Sí, y eso es maravilloso y supone el refrendo a una manera de hacer las cosas independientemente de la materia prima o del lenguaje musical que se utilice. ¿Y sabe lo que sucede?, que la gente que se identifica con eso se identifica mucho.
-Hay una sensación que emiten sus formas en el escenario de absoluta perfección, de controlar todos los detalles.
-La verdad es que es un reflejo de mi forma de ser, de mi personalidad. Soy muy meticulosa y ciertamente nada puede estar fuera de mi control. En el escenario se refleja con mucha nitidez las personas que en realidad somos en nuestra vida cotidiana. Soy así y me exijo muchísimo en todos los detalles, una enferma... es verdad (sonríe). A veces no nos damos cuenta de su importancia, y esos detalles, por pequeños que puedan parecer, tienen más importancia que cosas que aparecen evidentes a simple vista. Nos estamos acostumbrando a lo fácil, cada vez es mucho más costoso ir a la profundidad de las cosas. Y por eso aparece la vulgaridad.
-Y la inmediatez por encima de cualquier exigencia...
-Existe como un afán de transgresión constante; pero el que en realidad ha sido transgresor en el arte lo ha hecho por su propia naturaliza y no por vanidad; ésa es la gran diferencia. Y claro cuando sucede con el flamenco la realidad es que carece de sentido quizás solo es una mentira más. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja el jueves 19 de enero de 2017,

15 enero, 2017

El flamenco que viene

María Terremoto por Taswo
María Terremoto por Taswo
Una noche hermosa, una noche de cante grande en una bodega como aperitivo de la XXI edición de los Jueves Flamencos gracias al acuerdo entre el Teatro Bretón y Bodegas Ontañón para que la avanzadilla del ciclo más femenino del universo flamenco internacional llegara a Logroño de la mano de María Terremoto. Y lo cierto es que la jerezana no defraudó; más bien todo lo contrario a pesar de tener apenas diecisiete años y la herencia de la generaciones de una de las sagas más grandes de la historia del flamenco a sus espaldas, un peso aplastante para cualquiera pero que ella acarrea con una enorme naturalidad. La jovencísima cantaora (seguramente la más bisoña de cuantas han pasado por este ciclo en sus dos décadas de vida) ofreció un recital soberbio, de urdimbre clásica, sin la más mínima concesión a la galería y con una cumbre sobresaliente por siguiriya. Tiene una voz que es una delicia, mecida como un velo, una voz que es un tesoro por su singular armonía y cuando se mete por dentro rebajando los tercios es capaz de dotarla de una hondura extraordinariamente flamenca; cantar hacia una misma, hundir la voz, rebuscar el requiebro preciso sin el más mínimo artificio, sin orfebrería, todo muy por derecho, con una nobleza de cante inmemorial.

Hija de la voz
María es hija de una de las voces y de las personalidades más extraordinarias del flamenco contemporáneo. Su padre Fernando, desaparecido prematuramente, era un caudal verdadero de creatividad. Componía, tocaba la guitarra y cantaba con un sabor antiguo incomparable. Y existen muchos rasgos de Fernando en la voz de María; veta de un mismo cante, adn intercambiable de un sentimiento profundo, de una manera de pisar las tablas y respirar los cantes de gran envergadura sin una monta de la más mínima afectación. Como es natural, María no es -ni puede ser- una cantaora redonda porque se nota que anda sumergida en su personal y genuina búsqueda. Da la sensación de que quiere amaestrar su potencia innata, el grito primigenio que domina y que no quiere que la cataloguen como una cantaora enciclopédica, aunque se recree en la malagueña, el los tientos o en las soleares del inicio. Además, María va muy bien acompañada con un tocaor también joven pero dotado de un excelente compás y sonido. Nos deleitó con una falseta por arriba en la siguiriya sencillamente colosal, enorme de talento y de musicalidad. El público la sintió muy dentro y antes de que María rompiera a cantar le propinó una de las ovaciones de la noche. Nono llevó a María montadita en su compás, con los estribos suelto para que el caballo se desbocara lo justo y nos estremeciéramos con aquella bellezas del flamenco que está a punto de llegar o que quizás haya llegado ya. La verdad es que enn Logroño ya sabemos quién es María Terremoto y las razones por las que se llevó el premio revelación de la Bienal de Sevilla. 

o XXI JUEVES FLAMENCOS   Primer concierto de la XXI edición de los Jueves Flamencos del Teatro Bretón (Fuera de abono). Cante: María Terremoto  Toque: Nono Jero. Lugar: Sala de exposiciones de Bodegas Ontanón. (Lleno). Jueves, 12 de enero de 2017

14 enero, 2017

UN CULO PARA DOS ASIENTOS

Un señor muy serio, con gafas, dijo que necesitaba ser uno y que ése uno tenía que ser él y solo él, sin injerencias de nadie ni de nada para dar sensación cierta de unidad, como en el pasado había sucedido con el que le precedió cuando se disponía a ocupar el sillón. Un sillón con dos respaldos y cuatro brazos; es decir, dos sillones en uno. Un culo para dos asientos y cuatro reposabrazos para dos codos. Parece raro pero es la única fórmula posible. La cohabitación es una utopía en la partitocracia. El señor muy serio habla poco y bajito pero lo expresó muy claro. Yo soy uno pero necesito dos sitios, el que tengo y al que aspiro, como había sucedido antes. Un ‘quítate tú’ en toda regla. Otro caballero igualmente serio pero dotado de campechanía, el que ocupa el sillón que reclama el señor de gafas (para más señas), se quedó callado hasta que salió una señora y dijo que aunque ella estaba muy bien sentada quería los dos sillones, el del señor de gafas y el que reclama el señor de gafas que ahora ocupa el caballero campechano. A cambio dejará el que tiene, pero ocupará con sus dos brazos los cuatro reposabrazos y los dos respaldos. Tres sillones gordos hay y la que tiene uno quiere dos pero no el que ahora habita; casi igual que el serio señor de gafas, que aspira a mantener el que tiene pero que quiere también el que quiere la señora y que ahora ocupa el campechano gentelman. Las malas lenguas aseguran que el señor que no habla no ha dicho nada porque lo que tenía que decir lo ha expresado por la boca de la señora que quiere dar el salto de su sillón a los otros dos. El campechano silencioso parece que ha dado un paso al lado y se queda en la capital. El tiempo no pasa en balde, ni para él ni para el señor de las gafas, que parece muy solo en su torre de marfil, rodeado en silencio por el que no habla y con toda claridad por la señora que sí ha hablado. Y muy clarito. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

12 enero, 2017

María Terremoto: «Siento que cuando subo al escenario siempre me acompaña mi padre»

Comienzan hoy los XXI Jueves Flamencos en Bodegas Ontañón con María Terremoto, cantaora revelación de la Bienal de Sevillla

María Terremoto es heredera de un misterio, hebra pura de un cante flamenco inaudito y genuino. Apenas tiene 17 años y se llevó el premio en la pasada Bienal de Sevilla a la cantaora revelación del evento. Llega esta noche a Logroño para inaugurar en Bodegas Ontañón la XXI edición de los Jueves Flamencos, y lo hace con el sentimiento puro de alguien que comienza en el cante profesional pero que tiene la memoria presente de su abuelo, el gran Terremoto de Jerez, y de su padre, Fernando Terremoto, una de las fuentes más caudalosas de lo jondo a pesar de que la vida fue demasiado rácana con él.
-¿Hija y nieta de dos Terremotos?
-Sí, ahí voy caminando con el orgullo de un cante que me fascina, con el temblor de una historia realmente asombrosa pero con la pasión de alguien que ama el flamenco como parte de su propia vida.
-No es mayor de edad y ya ha dado de que hablar en el cante.
-La Bienal de Sevilla ha sido muy importante porque el premio me ha dado a conocer de cara a los medios, los periodistas y a la gente... Pero llevo cantando desde que nací.
-¿Cómo recuerda a su padre?
-En cada momento, en ocasiones tengo la sensación de que cuando subo al escenario me acompañan él y mi abuelo, los dos Terremotos a mi lado. Voy a cantar y es como que percibo que están a mi lado.
-¿Le enseñó a cantar cuando era niña?
-Él tenía en casa un estudio para componer, ensayar, cantar y tocar, que era su verdadera locura. Pues bien, cuando tenía tres o cuatro años me empezó a enseñar los cantes. Tocaba por soleá y me explicaba cómo era cada uno de los tercios, las entonaciones, los ritmos. Y así con cada uno de los cantes. Yo era una esponja y lo sentía todo cómo él me lo enseñaba.
-Mucha gente recuerda a su padre por su cante, pero era un apasionado de la guitarra...
-Es verdad, su vida era el toque. Siempre estaba con la guitarra a vueltas. Era como su compañera más fiel.
-¿Y la composición?
-Era su refugio; era como su momento para desconectar y aislarse del mundo.
-¿Qué diferencia había con el cante de su abuelo, el legendario Terremoto de Jerez?
-Mi abuelo era todo espíritu, era el cante que se salía del pecho, el cante de raíz pura jerezana, todo intuición, todo conocimiento que había heredado por la vía de la sangre. Mi padre tenía esa fuerza, pero cantaba de otra manera distinta, con un conocimiento como más racional de la música que le otorgaba a todo su trabajo de una reflexión distinta. Era el mismo eco, un más primitivo, el otro más musical.
-¿La siguiriya de su abuelo y la malagueña de su padre?
-Ahí está. El cante de mi abuelo era como un volcán desatado, como una fuerza de la naturaleza; en mi padre existe una dulzura que en la malagueña se hace muy evidente. El eco es el mismo, el de Jerez, el de nuestra familia, pero entre ambos existen muchas diferencias que sirven para enriquecer el cante.
-¿Y usted dónde se sitúa?
-Yo estoy empezando en el cante y todavía no puedo decir nada; tengo todo el camino por hacer, todo por aprender y por escuchar.
-¿Pesa mucho el apellido?
-Desde luego, una de las razones más íntimas por las que canto es por mantener la llama de los Terremoto. En un momento dado te ayuda para comenzar, por el nombre, la expectación y todo eso, no cabe duda. Pero luego está la responsabilidad. Ahí existe un legado muy fuerte, una historia y unas expectativas que se hace la gente. ¿A ver cómo canta la niña de Fernando? Eso lo llevas dentro y te acucia.
-Ser profesional no es un juego.
-Ni mucho menos. Hay una responsabilidad de cara al público en el escenario y otra tuya muy personal que hace que esté todo el día estudiando. Ahora mismo tengo en la mano aquel disco de mi abuelo que se grabó en Sevilla casi de incógnito en la Peña Torre Macarena de Sevilla en 1997. Es una joya, con el toque de Manuel Morao. Ya no se canta así. Mi abuelo era muy fandanguero, admiraba a Caracol, pero la siguiriya es increíble. Lo escucho para empaparme de aquel sentido del cante tan extraordinario, tan cuajado de arte por todos los lados.
-¿Qué otros cantaores le emocionan?
-Ahí están Caracol, Fosforito, Chocolate, Agujetas o Camarón; soy mu camaronera. Y de los de ahora me encanta José Valencia. Tiene un quejío y una voz que me impresiona. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

Fernando Terremoto, un cantaor flamenco excepcional
En febrero de 2010 nos dejó Fernando Terremoto, una de las voces más extraordinarias del flamenco y un artista que fue capaz de remontar su propia historia para diferenciar su eco del de su padre, una de las voces milenarias del cante jondo. Fernando tenía toda la dulzura de los grandes artistas y una capacidad innata para la creación, algo verdaderamente formidable en una concepción de una flamencura tan innata como la de su familia. Puro Jerez, esencia siguriyera y de raíz inequívocamente gitana. Fernando Terremoto debutó en Logroño en 2001, con Manuel Parrilla a la guitarra y con su disco ‘Cosa Natural’ recién salido del horno. Volvió por última vez en 2007 en una memorable actuación con Israel Galván en ‘La Edad de Oro’, una obra de cante, toque y baile colosal. Su cante perdurará siempre, su último disco es excepcional, aunque da la sensación de que apenas sea una brizna de todo lo que se llevó con él al paraíso del cante.

08 enero, 2017

TENGO UNA INQUIETUD

Tengo una inquietud que lleva sobrevolando mi cabeza casi desde que comencé a conocerme, que es mucho menos tiempo del que cualquiera puede pensar. En el fondo conocerse es hacer de la piel que nos recubre una especie de película transparente, ver las arterias, las venas y los fluidos que nos recorren por dentro; músculos en tensión, e incluso las ideas que nacen en el estómago y nos trepan hasta la cabeza tomando forma en las neuronas. Hay ideas que he visto nacerme en los pies, concretamente en el dedo gordo, en el extremo de esa maldita uña a la que cada vez me cuesta más esfuerzo llegar. Digo ideas pero como periodista que soy quizás no sean otra cosa que estúpidas ocurrencias que brotan de cualquier desconfianza, de cualquier desconcierto pasajero fruto de una mente calenturienta que se inflama por cualquier necedad. ¿Pero cuál es esa inquietud de la que les hablaba al principio del texto? No lo sé. Pensar lo que pienso y darle después forma es un esfuerzo titánico. Sujeto, verbo y predicado. Ése es el discurso lógico del pensamiento en español a no ser que seas Góngora o un político. El genial poeta yacía en el hipérbaton, el político lo sobrevuela porque no consigue articular un discurso coherente más allá del ‘telepronter’ electoral o del eslogan, que es la muerte de las ideas, la radicalidad absoluta del manifiesto de adhesión al grupo que te da de comer, que protege la salud de tu economía y tu situación social. El político contemporáneo es mi gran inquietud. Ahora caigo... Me alucina lo evanescente de su indumentaria, su chándal de runner, su blazer de concierto, su bufanda de hincha. Hay una pose para cada segundo. Mas debajo de la carcasa no hay nada que lo sostenga. Quizás un día fueron idealistas o quizás desde pequeños estaban perfectamente diseñados para no albergar la más mínima inquietud. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

01 enero, 2017

Arena, con Israel Galván y José Enrique Morente



Recreación de aquellas secuencias de Arena (espectáculo acerca de lo taurino de Israel Galván y Pedro G. Romero) donde Enrique Morente cantaba textos de José Bergamín. Ahora su hijo, José Enrique Morente, canta esos textos e Israel Galván los baila

PEDRO VIVANCO, EL FORMIDABLE INSTINTO DEL RIOJA (IN MEMORIAM)

Ver en el vino mucho más que vino; éste es uno de los grandes legados de Pedro Vivanco, un personaje absolutamente incontestable tanto en la revolución del Rioja como por su extrema capacidad para recrearse, reinventarse y florecer con un sueño de aventura que parecía quimérico e imposible para un muchacho que iba en un carrito por las calles de Logroño repartiendo el vino de Los Tinos de aquel primitivo despacho de la calle de los Yerros. El tiempo fue su gran aliado para darse cuenta de que en cada botella y en cada grano había una historia, una verdad a la que asirse para dar sentido a su vida. No quiso estudiar al principio, pero cuando asumió la cultura aquella de las calles y de los tratos, se dio cuenta de que era necesario sumar la Academia a su formidable instinto, a esa sensibilidad que ahormaba su talento innato de catador. Volvió de Requena transformado, como un hombre nuevo al que se disputaban las bodegas más grandes de la época pero que tenía muy claro que su destino lo iba a forjar él mismo, con su conocimiento y con su afán emprendedor. Pedro Vivanco se multiplicó, compraba vino y lo vendía a bordo de un camión con el que recorrió La Rioja de los terruños de cabo a rabo; comenzó a coleccionar objetos, a guardar libros, a darle la vuelta al mundo con la pasión de su abuelo Pedro, de Alberite, y el esfuerzo aprehendido de sus padres, Santiago que era albañil y Felisa, de la que heredó un sentido cartesiano para los negocios que siempre le acompañó. Tuve la suerte de poderlo tratar y conversar con él muchas tardes en su casa para relatarme aquella historia de superación, aquella lucha de un hombre eminentemente complejo pero que se desenvolvía con una apabullante sencillez. Era impresionante su despacho, pero no por su mínima envergadura o sus nulas pretensiones decorativas; lo era por aquel mapa de papelitos sobre la mesa en el que iba anotando sus asuntos pendientes. Pero era la memoria su gran aliada, la misma memoria que se mezclaba con su corazón para ayudar sin la más mínima mota de usura a un sinfín de personas que se lo pidieron en el sector del vino y también fuera de él. Su sueño fue el Museo de Briones: "Devolverle al vino lo que me había dado", tal y como solía decir. La obra es sencillamente descomunal. Hugh Johnson, autor de Altlas Mundial del Vino, lo calificó como el Museo del Prado de la cultura del vino. Cualquier museo palidece a su lado, cualquier iniciativa cultural en torno al sagrado líquido de nuestra región es y será devota de una Fundación que él alentó sin reparar en otra cosa que su dignidad, la dignidad del vino, de sus gentes y de su tierra. Pedro Vivanco es sinónimo de esfuerzo; ejemplo de soñador, creador de un estilo que tiene en sus dos hijos: Santiago y Rafael, los depositarios de un legado extraordinario que comprendieron desde el primer momento y con el que se identificaron como una forma de darle la continuidad natural a los sueños de su padre. Recuerdo la primera vez que entré a su casa, su mujer Angélica había cocinado pella y Pedro me dijo que disculpara aquel aroma tan característico, pero que era su verdura preferida. Me quedé alucinado con aquel personaje forjado a sí mismo pero que carecía de afectación y del más mínimo atisbo de afán de protagonizar nada. Él está y estará presente en cualquiera de sus viñas de Alberite, en las furgonetas de reparto de Los Tinos, en los maravillosos monovarietales de Rafael o en los pasillos del Museo que llevan a la sala Octogonal de una bodega en la que me lo sigo imaginando de paseo con Santiago atisbando nuevas ideas nacidas siempre de su enorme humanidad y de su descomunal instinto. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

30 diciembre, 2016

LOS DELFINES LOS CARGA EL DIABLO

El año que se nos muere comenzó con Pablo Iglesias ‘ofreciéndose’ para presidirle al difunto Sánchez su Consejo de Ministros virtual y se termina con Íñigo Errejón asaeteado por Irene Montero y Donald Trump a punto de caramelo. El que sigue en el machito es Rajoy; que continúa subiendo los impuestos a la masa de votantes que depositó su papeleta en las urnas por el miedo ancestral que les metió Soraya dándole todas las teles de su duopolio a Iglesias. El miedo guarda la Moncloa, atisbó Mariano que se sentó en las escaleras de su palacio para asistir al ‘seppuku’ del PSOE, al asesinato de la risa de Podemos y al temblor de Ciudadanos, tan apocado por el estrecho margen del apocalipsis que dejó todas sus certidumbres a los pies de Susana Díaz, que desde Sevilla se comió a Sánchez de un bocado con César Luena tan inmóvil, tan afligido y congelado en su renuncia a su otrora líder, que aunque la maniobra tenga todos los visos de traición ha quedado sepultada por el cúmulo de irrelevancias protagonizadas desde su despacho madrileño. Trump en la Casa Blanca y Ceniceros en el Palacete. Conjunción astral verdadera mal que le pese a Pedro Sanz, senador en el retiro de oro de sus señorías y silente ante las declaraciones de José Ignacio (él hablará donde tiene que hablar, como ha hecho siempre). Los delfines los carga el diablo. Mariano no se junta con José María y Ceniceros, con ese decir suyo tan callado, le ha pegado un mandoble a Sanz que se ha escuchado hasta en los predios de Villamediana, incluso más allá de su Casa Consistorial y de los caminos de tierra. Donald en América anda con su rascacielos; aquí las peleas son como más de andar por casa, más de frontón y porrón, con un casco de chorizo y un trocito de viña repartida. El año agoniza pero intentaremos seguir riéndonos más el que viene. A pesar de nosotros y de nosotras. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

24 diciembre, 2016

FELIZ NAVIDAD


MANNEQUIN CHALLENGE

El Mannequin Challenge de los munícipes logroñeses confieso que me dejó patidifuso. ¡Métete con ellos!, me dijo mi hijo cuando se lo enseñé mientras se tiraba por los suelos al ver a la alcaldesa a lo lejos de la escena aguantándose a duras penas la risa ante Paloma Corres (creo) que de pronto la pilla el cámara moviéndose y se desliza hacia el suelo a hurtadillas de Javier Merino, inconmovible él ante las maniobras que se sucedían tras sus trajeadas espaldas. Da para mucho el asunto, que si la corporación congelada e inmóvil, que si el aroma a improvisación de la escena (un poco quiero y no puedo), que si la musiquita de fondo, que si no tienen nada mejor que hacer, que si tal y que si cual. Pero es tan tierna la cosa que no dan ganas ni de hacer sangre. Eso sí, yo echo de menos que hubieran llamado a los concejales de la oposición, no a los de Ciudadanos que ya se sabe que no hubieran ido por lo que puedan decir de ellos ya que de ellos se puede decir más bien poco porque de tanto que andan diciendo confieso que tienen a este pobre exvotante más bien aturdido y aburrido. Y además, no son oposición; están ahí todo el año en un perpetuo Mannequin Challenge e iba a contrastar con la impericia del resto. Yo digo a los del PSOE y a los de Cambia y al del PR, entremezclados con el belén, el árbol, los vendimiadores, los sofás blancos, la mesa, los estores y Yangüela, que lo borda. No así Pilar Montes, que se la ve forzadita, o Miguel Sáinz, que lucha con el escorzo pero que se tiembla como una espiga y con el que además se ceba la cámara sin piedad alguna. Hubiera sido precioso ver a Beatriz Arraiz poniendo el árbol con Cuca; a José Manuel Zúñiga ayudando a Yangüela con el Belén (él que es tan solidario) y a Rubén Antoñanzas multiplicándose por la navideña escena. Pero no, sólo salen los del PP y los vendimiadores. ¡Qué enorme pena navideña! # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

17 diciembre, 2016

CÓRDOBA SOLA Y YA SORDA

Escuché en la radio esta frase y todavía no he sido capaz de asumirla. «Quiero que me diga, estrictamente, qué artículo quiere usted apelar a que yo haga de cumplir del reglamento». Su autor, Juan Pablo Durán, presidente del Parlamento de Andalucía, la pronunció en un rifirrafe con una portavoz de la oposición en una de esas sesiones tediosas que se repiten cada semana en ese páramo que componen las cámaras legislativas regionales. Durán describió a la perfección con semejante artilugio sintáctico el paupérrimo nivel intelectual del ejército de políticos del segundo escalafón que pueblan los hemiciclos parapetados en el búnker de las listas cerradas, las regalías y las escaramuzas intestinas de cada partido. Durán, nacido en Córdoba, cuna de Luis de Góngora y Pablo García Baena, de Averroes, Séneca y Maimónides; solar de Fosforito y de Julio Romero de Torres, de Antonio Gala y Vicente Amigo. Córdoba, cercenada y sorda ya para no escuchar a Juan Pablo Durán destruir el idioma español hasta elevar las cotas de su asesinato a la más profunda raíz del esperpento. «Que yo haga de cumplir», aseveró su insigne señoría, estrictamente (sic) ataviada con corbata, levita y pluma. Apelar, que suena a cuchufleta y a rocambolesca jerigonza entre jurídica y tabernaria mientras la oposición no entendía nada, pero no porque cayera asombrada ante la frase del insigne presidente, no; no entendía porque no se escuchan. Digan lo que digan, no se escuchan, como aquel bellísimo poema de Baena: «El aire está esperando que de nuevo tu voz vuelva a oírse en el mundo». Mas no era la voz de Durán, acaso la de Góngora en uno de su sonetos: «Descaminado, enfermo, peregrino / en tenebrosa noche, con pie incierto / la confusión pisando del desierto / voces en vano dio, pasos sin tino». Como de Durán el terrible desatino y el triste conformismo de todo el pleno que no le afeó semejante trino. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

13 diciembre, 2016

FÚTBOL

La sociedad sobrevuela ciertas cuestiones con una mezcla de resignación e indiferencia: la pasta de los futbolistas es una de ellas y se asume con la misma naturalidad que los insultos en un estadio. Es fútbol, dicen, como si todo estuviera envuelto en una verdad revelada a modo de evangelio narcotizante. ¿Alguien se acuerda del presupuesto inicial del casi siempre medio vacío estadio municipal de Las Gaunas? Fue tal el desastre y el desfase económico entre lo planteado y el costo real de la ‘cosa’ que hasta el estudio arquitectónico Lamela ha abominado del campo y no aparece ni rastro del flamante estadio riojano en su ‘portfolio’ de trabajos. No importa la ruina, es fútbol vuelven a decir con aquel Ayuntamiento lavándose las manos y el Logroñés verdadero sepultado bajo montañas de deudas en el juzgado. Messi no sabe lo que firma; Ronaldo lo sabe muy bien y a Neymar le sueltan 77 ‘pavos’ por cada rúbrica que estampa en un ‘panini’. Son tan inmensamente ricos que defraudan con toda suerte de artificios e ingenierías contables. Cuando les pillan de verdad como le pasó a Lionel, va una recua de exaltados a aplaudirle al juzgado y sale su presidente a deslizar que se trata de una campaña del rival para intoxicar al ídolo y su prestigio. Es fútbol, el mismo que caza niños a soga de representantes en los cuellos ávidos de pasta de sus padres; el mismo que permite en esas mañanas de deporte educativo –que tanto he padecido– la falta de educación de progenitores aventados y furiosos ante decisiones arbitrales en partidos de muchachos de once años. Todo vale, desde goleadas absurdas que minan la moral de los más negados al vocerío de la grada familiar contra el trencilla de turno. Cuando era chaval había un tipo que se acompasaba al devenir del juez de línea en la banda de general de Las Gaunas para llenar de escupitajos sus espaldas. Poco ha cambiado el asunto. No importa, era fútbol. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

03 diciembre, 2016

NO ERAN SUS OJOS

Una película extraña de ciencia ficción que vi el sábado en el cine Moderno me puso frente a la evidencia de que me cuesta un mundo comprender la trama de las representaciones audiovisuales (el cine y las series). No les digo que me pierda con ‘La que se avecina’, pero casi. La extraña película del fin de semana disertaba sobre el dilema del tiempo y su linealidad porque los extraterrestres, que lucían forma de pulpo pero con siete tentáculos, tenían la capacidad de ir hacia adelante y hacia atrás de los acontecimientos a capricho, ab libitum, como el vino de Juan Carlos Sancha o como los cantes flamencos que se salen del compás preestablecido por el ritmo. No sé si los cefalópodos del universo eran capaces de nacer con antelación a sus padres pero la hija muerta de la protagonista había fallecido mucho antes de que su padre fuera el novio de la madre. Obviamente me pasó con la película lo que a Pedro Sánchez con su partido; no entendí nada, pero me fascinaba la música que como suspendida en el aire se abrazaba a la fabulosa nave donde vivían los pulpos marcianos. Al salir del cine le dije a mi mujer que me había gustado la peli pero que no había pillado el concepto, como de costumbre. Me miró y comenzó a desgranarme el guión con la precisión de un matemático colocando las incomprensibles piezas una encima de otra para construir un edificio portentoso de habilidades sensoriales. Hablaba, me explicaba las cosas y lo que parecía negro como la noche comenzó a amanecer como por arte de magia. No eran sus ojos esta vez, eran sus palabras. ¿Qué diablos hay debajo de mi yermo cuero cabelludo? No les sé responder. Lo siento. Quizás eco, resonancias, galleos, recortes, aforismos o definiciones. Poco más, se lo juro. Pero entendí una peli incomprensible gracias al amor, que es exactamente lo contrario a lo que había imaginado. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

HASTA SIEMPRE, MAESTRO

Existe un pequeño garaje al lado de Las Ventas donde el maestro Vidal escribía sus crónicas de San Isidro. El garage tiene un vigilante que deja consumir sus cigarrillos hasta casi quemarse las comisuras de sus labios. Allí, en una improvisada redacción, conectaba su portátil –“donde pone ‘phone’ lo pone”, contaba– y tras el discurrir agitado de sus dedos sobre el teclado, dos o tres pares de cigarrillos y su inevitable cafelito, casi por arte de magia –o de birlibirloque– surgían las más atinadas y bellas crónicas taurinas que imaginarse puedan. Ha muerto Joaquín Vidal, el maestro de la crítica, un periodista capaz de hacer estremecer a cualquiera cuando describía, por ejemplo, el caminar de la parada de cabestros de Sevilla, un natural de Rafael de Paula o al chulo de la puerta de toriles de la Monumental. Pero Joaquín, además de su carácter de periodista de una pieza, ha sido un firme defensor de una fiesta que amaba y que la concebía bajo el signo de la emoción. El maestro Vidal ha marcado una época en la crítica porque ha renovado el lenguaje y ha sido el feliz descubridor de un estilo de contar las cosas que hacía del periodismo taurino un espacio donde se podía encontrar a gusto cualquier lector, aunque no le interesara lo más mínimo las corridas de toros. En una entrevista concedida a Pla Ventura, decía que “el periodista se debe a los lectores y tiene la obligación de ejercer con honestidad absoluta la libertad de expresión, ha de estar preparado para la tarea, informando sobre la materia que trata, ser veraz y comportarse con modestia. Una vez dicho (y comprobado) lo que tiene que decir, con asunción inequívoca de lo publicado, deja de ser protagonista de nada. Y hasta la próxima”. Ahora, por fin, se encuentra a salvo de tanto derechazo, de los borregos toros comerciales que detestaba y de las figuras monótonas y repetitivas que asolan el negro panorama de la fiesta. Pero el vacío que deja será imposible de llenar. Hasta siempre, maestro. o Este artículo lo escribí tras la muerte de Joaquín Vidal en Diario La Rioja.