15 enero, 2017

El flamenco que viene

María Terremoto por Taswo
María Terremoto por Taswo
Una noche hermosa, una noche de cante grande en una bodega como aperitivo de la XXI edición de los Jueves Flamencos gracias al acuerdo entre el Teatro Bretón y Bodegas Ontañón para que la avanzadilla del ciclo más femenino del universo flamenco internacional llegara a Logroño de la mano de María Terremoto. Y lo cierto es que la jerezana no defraudó; más bien todo lo contrario a pesar de tener apenas diecisiete años y la herencia de la generaciones de una de las sagas más grandes de la historia del flamenco a sus espaldas, un peso aplastante para cualquiera pero que ella acarrea con una enorme naturalidad. La jovencísima cantaora (seguramente la más bisoña de cuantas han pasado por este ciclo en sus dos décadas de vida) ofreció un recital soberbio, de urdimbre clásica, sin la más mínima concesión a la galería y con una cumbre sobresaliente por siguiriya. Tiene una voz que es una delicia, mecida como un velo, una voz que es un tesoro por su singular armonía y cuando se mete por dentro rebajando los tercios es capaz de dotarla de una hondura extraordinariamente flamenca; cantar hacia una misma, hundir la voz, rebuscar el requiebro preciso sin el más mínimo artificio, sin orfebrería, todo muy por derecho, con una nobleza de cante inmemorial.

Hija de la voz
María es hija de una de las voces y de las personalidades más extraordinarias del flamenco contemporáneo. Su padre Fernando, desaparecido prematuramente, era un caudal verdadero de creatividad. Componía, tocaba la guitarra y cantaba con un sabor antiguo incomparable. Y existen muchos rasgos de Fernando en la voz de María; veta de un mismo cante, adn intercambiable de un sentimiento profundo, de una manera de pisar las tablas y respirar los cantes de gran envergadura sin una monta de la más mínima afectación. Como es natural, María no es -ni puede ser- una cantaora redonda porque se nota que anda sumergida en su personal y genuina búsqueda. Da la sensación de que quiere amaestrar su potencia innata, el grito primigenio que domina y que no quiere que la cataloguen como una cantaora enciclopédica, aunque se recree en la malagueña, el los tientos o en las soleares del inicio. Además, María va muy bien acompañada con un tocaor también joven pero dotado de un excelente compás y sonido. Nos deleitó con una falseta por arriba en la siguiriya sencillamente colosal, enorme de talento y de musicalidad. El público la sintió muy dentro y antes de que María rompiera a cantar le propinó una de las ovaciones de la noche. Nono llevó a María montadita en su compás, con los estribos suelto para que el caballo se desbocara lo justo y nos estremeciéramos con aquella bellezas del flamenco que está a punto de llegar o que quizás haya llegado ya. La verdad es que enn Logroño ya sabemos quién es María Terremoto y las razones por las que se llevó el premio revelación de la Bienal de Sevilla. 

o XXI JUEVES FLAMENCOS   Primer concierto de la XXI edición de los Jueves Flamencos del Teatro Bretón (Fuera de abono). Cante: María Terremoto  Toque: Nono Jero. Lugar: Sala de exposiciones de Bodegas Ontanón. (Lleno). Jueves, 12 de enero de 2017

14 enero, 2017

UN CULO PARA DOS ASIENTOS

Un señor muy serio, con gafas, dijo que necesitaba ser uno y que ése uno tenía que ser él y solo él, sin injerencias de nadie ni de nada para dar sensación cierta de unidad, como en el pasado había sucedido con el que le precedió cuando se disponía a ocupar el sillón. Un sillón con dos respaldos y cuatro brazos; es decir, dos sillones en uno. Un culo para dos asientos y cuatro reposabrazos para dos codos. Parece raro pero es la única fórmula posible. La cohabitación es una utopía en la partitocracia. El señor muy serio habla poco y bajito pero lo expresó muy claro. Yo soy uno pero necesito dos sitios, el que tengo y al que aspiro, como había sucedido antes. Un ‘quítate tú’ en toda regla. Otro caballero igualmente serio pero dotado de campechanía, el que ocupa el sillón que reclama el señor de gafas (para más señas), se quedó callado hasta que salió una señora y dijo que aunque ella estaba muy bien sentada quería los dos sillones, el del señor de gafas y el que reclama el señor de gafas que ahora ocupa el caballero campechano. A cambio dejará el que tiene, pero ocupará con sus dos brazos los cuatro reposabrazos y los dos respaldos. Tres sillones gordos hay y la que tiene uno quiere dos pero no el que ahora habita; casi igual que el serio señor de gafas, que aspira a mantener el que tiene pero que quiere también el que quiere la señora y que ahora ocupa el campechano gentelman. Las malas lenguas aseguran que el señor que no habla no ha dicho nada porque lo que tenía que decir lo ha expresado por la boca de la señora que quiere dar el salto de su sillón a los otros dos. El campechano silencioso parece que ha dado un paso al lado y se queda en la capital. El tiempo no pasa en balde, ni para él ni para el señor de las gafas, que parece muy solo en su torre de marfil, rodeado en silencio por el que no habla y con toda claridad por la señora que sí ha hablado. Y muy clarito. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

12 enero, 2017

María Terremoto: «Siento que cuando subo al escenario siempre me acompaña mi padre»

Comienzan hoy los XXI Jueves Flamencos en Bodegas Ontañón con María Terremoto, cantaora revelación de la Bienal de Sevillla

María Terremoto es heredera de un misterio, hebra pura de un cante flamenco inaudito y genuino. Apenas tiene 17 años y se llevó el premio en la pasada Bienal de Sevilla a la cantaora revelación del evento. Llega esta noche a Logroño para inaugurar en Bodegas Ontañón la XXI edición de los Jueves Flamencos, y lo hace con el sentimiento puro de alguien que comienza en el cante profesional pero que tiene la memoria presente de su abuelo, el gran Terremoto de Jerez, y de su padre, Fernando Terremoto, una de las fuentes más caudalosas de lo jondo a pesar de que la vida fue demasiado rácana con él.
-¿Hija y nieta de dos Terremotos?
-Sí, ahí voy caminando con el orgullo de un cante que me fascina, con el temblor de una historia realmente asombrosa pero con la pasión de alguien que ama el flamenco como parte de su propia vida.
-No es mayor de edad y ya ha dado de que hablar en el cante.
-La Bienal de Sevilla ha sido muy importante porque el premio me ha dado a conocer de cara a los medios, los periodistas y a la gente... Pero llevo cantando desde que nací.
-¿Cómo recuerda a su padre?
-En cada momento, en ocasiones tengo la sensación de que cuando subo al escenario me acompañan él y mi abuelo, los dos Terremotos a mi lado. Voy a cantar y es como que percibo que están a mi lado.
-¿Le enseñó a cantar cuando era niña?
-Él tenía en casa un estudio para componer, ensayar, cantar y tocar, que era su verdadera locura. Pues bien, cuando tenía tres o cuatro años me empezó a enseñar los cantes. Tocaba por soleá y me explicaba cómo era cada uno de los tercios, las entonaciones, los ritmos. Y así con cada uno de los cantes. Yo era una esponja y lo sentía todo cómo él me lo enseñaba.
-Mucha gente recuerda a su padre por su cante, pero era un apasionado de la guitarra...
-Es verdad, su vida era el toque. Siempre estaba con la guitarra a vueltas. Era como su compañera más fiel.
-¿Y la composición?
-Era su refugio; era como su momento para desconectar y aislarse del mundo.
-¿Qué diferencia había con el cante de su abuelo, el legendario Terremoto de Jerez?
-Mi abuelo era todo espíritu, era el cante que se salía del pecho, el cante de raíz pura jerezana, todo intuición, todo conocimiento que había heredado por la vía de la sangre. Mi padre tenía esa fuerza, pero cantaba de otra manera distinta, con un conocimiento como más racional de la música que le otorgaba a todo su trabajo de una reflexión distinta. Era el mismo eco, un más primitivo, el otro más musical.
-¿La siguiriya de su abuelo y la malagueña de su padre?
-Ahí está. El cante de mi abuelo era como un volcán desatado, como una fuerza de la naturaleza; en mi padre existe una dulzura que en la malagueña se hace muy evidente. El eco es el mismo, el de Jerez, el de nuestra familia, pero entre ambos existen muchas diferencias que sirven para enriquecer el cante.
-¿Y usted dónde se sitúa?
-Yo estoy empezando en el cante y todavía no puedo decir nada; tengo todo el camino por hacer, todo por aprender y por escuchar.
-¿Pesa mucho el apellido?
-Desde luego, una de las razones más íntimas por las que canto es por mantener la llama de los Terremoto. En un momento dado te ayuda para comenzar, por el nombre, la expectación y todo eso, no cabe duda. Pero luego está la responsabilidad. Ahí existe un legado muy fuerte, una historia y unas expectativas que se hace la gente. ¿A ver cómo canta la niña de Fernando? Eso lo llevas dentro y te acucia.
-Ser profesional no es un juego.
-Ni mucho menos. Hay una responsabilidad de cara al público en el escenario y otra tuya muy personal que hace que esté todo el día estudiando. Ahora mismo tengo en la mano aquel disco de mi abuelo que se grabó en Sevilla casi de incógnito en la Peña Torre Macarena de Sevilla en 1997. Es una joya, con el toque de Manuel Morao. Ya no se canta así. Mi abuelo era muy fandanguero, admiraba a Caracol, pero la siguiriya es increíble. Lo escucho para empaparme de aquel sentido del cante tan extraordinario, tan cuajado de arte por todos los lados.
-¿Qué otros cantaores le emocionan?
-Ahí están Caracol, Fosforito, Chocolate, Agujetas o Camarón; soy mu camaronera. Y de los de ahora me encanta José Valencia. Tiene un quejío y una voz que me impresiona. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

Fernando Terremoto, un cantaor flamenco excepcional
En febrero de 2010 nos dejó Fernando Terremoto, una de las voces más extraordinarias del flamenco y un artista que fue capaz de remontar su propia historia para diferenciar su eco del de su padre, una de las voces milenarias del cante jondo. Fernando tenía toda la dulzura de los grandes artistas y una capacidad innata para la creación, algo verdaderamente formidable en una concepción de una flamencura tan innata como la de su familia. Puro Jerez, esencia siguriyera y de raíz inequívocamente gitana. Fernando Terremoto debutó en Logroño en 2001, con Manuel Parrilla a la guitarra y con su disco ‘Cosa Natural’ recién salido del horno. Volvió por última vez en 2007 en una memorable actuación con Israel Galván en ‘La Edad de Oro’, una obra de cante, toque y baile colosal. Su cante perdurará siempre, su último disco es excepcional, aunque da la sensación de que apenas sea una brizna de todo lo que se llevó con él al paraíso del cante.

08 enero, 2017

TENGO UNA INQUIETUD

Tengo una inquietud que lleva sobrevolando mi cabeza casi desde que comencé a conocerme, que es mucho menos tiempo del que cualquiera puede pensar. En el fondo conocerse es hacer de la piel que nos recubre una especie de película transparente, ver las arterias, las venas y los fluidos que nos recorren por dentro; músculos en tensión, e incluso las ideas que nacen en el estómago y nos trepan hasta la cabeza tomando forma en las neuronas. Hay ideas que he visto nacerme en los pies, concretamente en el dedo gordo, en el extremo de esa maldita uña a la que cada vez me cuesta más esfuerzo llegar. Digo ideas pero como periodista que soy quizás no sean otra cosa que estúpidas ocurrencias que brotan de cualquier desconfianza, de cualquier desconcierto pasajero fruto de una mente calenturienta que se inflama por cualquier necedad. ¿Pero cuál es esa inquietud de la que les hablaba al principio del texto? No lo sé. Pensar lo que pienso y darle después forma es un esfuerzo titánico. Sujeto, verbo y predicado. Ése es el discurso lógico del pensamiento en español a no ser que seas Góngora o un político. El genial poeta yacía en el hipérbaton, el político lo sobrevuela porque no consigue articular un discurso coherente más allá del ‘telepronter’ electoral o del eslogan, que es la muerte de las ideas, la radicalidad absoluta del manifiesto de adhesión al grupo que te da de comer, que protege la salud de tu economía y tu situación social. El político contemporáneo es mi gran inquietud. Ahora caigo... Me alucina lo evanescente de su indumentaria, su chándal de runner, su blazer de concierto, su bufanda de hincha. Hay una pose para cada segundo. Mas debajo de la carcasa no hay nada que lo sostenga. Quizás un día fueron idealistas o quizás desde pequeños estaban perfectamente diseñados para no albergar la más mínima inquietud. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

01 enero, 2017

Arena, con Israel Galván y José Enrique Morente



Recreación de aquellas secuencias de Arena (espectáculo acerca de lo taurino de Israel Galván y Pedro G. Romero) donde Enrique Morente cantaba textos de José Bergamín. Ahora su hijo, José Enrique Morente, canta esos textos e Israel Galván los baila

PEDRO VIVANCO, EL FORMIDABLE INSTINTO DEL RIOJA (IN MEMORIAM)

Ver en el vino mucho más que vino; éste es uno de los grandes legados de Pedro Vivanco, un personaje absolutamente incontestable tanto en la revolución del Rioja como por su extrema capacidad para recrearse, reinventarse y florecer con un sueño de aventura que parecía quimérico e imposible para un muchacho que iba en un carrito por las calles de Logroño repartiendo el vino de Los Tinos de aquel primitivo despacho de la calle de los Yerros. El tiempo fue su gran aliado para darse cuenta de que en cada botella y en cada grano había una historia, una verdad a la que asirse para dar sentido a su vida. No quiso estudiar al principio, pero cuando asumió la cultura aquella de las calles y de los tratos, se dio cuenta de que era necesario sumar la Academia a su formidable instinto, a esa sensibilidad que ahormaba su talento innato de catador. Volvió de Requena transformado, como un hombre nuevo al que se disputaban las bodegas más grandes de la época pero que tenía muy claro que su destino lo iba a forjar él mismo, con su conocimiento y con su afán emprendedor. Pedro Vivanco se multiplicó, compraba vino y lo vendía a bordo de un camión con el que recorrió La Rioja de los terruños de cabo a rabo; comenzó a coleccionar objetos, a guardar libros, a darle la vuelta al mundo con la pasión de su abuelo Pedro, de Alberite, y el esfuerzo aprehendido de sus padres, Santiago que era albañil y Felisa, de la que heredó un sentido cartesiano para los negocios que siempre le acompañó. Tuve la suerte de poderlo tratar y conversar con él muchas tardes en su casa para relatarme aquella historia de superación, aquella lucha de un hombre eminentemente complejo pero que se desenvolvía con una apabullante sencillez. Era impresionante su despacho, pero no por su mínima envergadura o sus nulas pretensiones decorativas; lo era por aquel mapa de papelitos sobre la mesa en el que iba anotando sus asuntos pendientes. Pero era la memoria su gran aliada, la misma memoria que se mezclaba con su corazón para ayudar sin la más mínima mota de usura a un sinfín de personas que se lo pidieron en el sector del vino y también fuera de él. Su sueño fue el Museo de Briones: "Devolverle al vino lo que me había dado", tal y como solía decir. La obra es sencillamente descomunal. Hugh Johnson, autor de Altlas Mundial del Vino, lo calificó como el Museo del Prado de la cultura del vino. Cualquier museo palidece a su lado, cualquier iniciativa cultural en torno al sagrado líquido de nuestra región es y será devota de una Fundación que él alentó sin reparar en otra cosa que su dignidad, la dignidad del vino, de sus gentes y de su tierra. Pedro Vivanco es sinónimo de esfuerzo; ejemplo de soñador, creador de un estilo que tiene en sus dos hijos: Santiago y Rafael, los depositarios de un legado extraordinario que comprendieron desde el primer momento y con el que se identificaron como una forma de darle la continuidad natural a los sueños de su padre. Recuerdo la primera vez que entré a su casa, su mujer Angélica había cocinado pella y Pedro me dijo que disculpara aquel aroma tan característico, pero que era su verdura preferida. Me quedé alucinado con aquel personaje forjado a sí mismo pero que carecía de afectación y del más mínimo atisbo de afán de protagonizar nada. Él está y estará presente en cualquiera de sus viñas de Alberite, en las furgonetas de reparto de Los Tinos, en los maravillosos monovarietales de Rafael o en los pasillos del Museo que llevan a la sala Octogonal de una bodega en la que me lo sigo imaginando de paseo con Santiago atisbando nuevas ideas nacidas siempre de su enorme humanidad y de su descomunal instinto. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

30 diciembre, 2016

LOS DELFINES LOS CARGA EL DIABLO

El año que se nos muere comenzó con Pablo Iglesias ‘ofreciéndose’ para presidirle al difunto Sánchez su Consejo de Ministros virtual y se termina con Íñigo Errejón asaeteado por Irene Montero y Donald Trump a punto de caramelo. El que sigue en el machito es Rajoy; que continúa subiendo los impuestos a la masa de votantes que depositó su papeleta en las urnas por el miedo ancestral que les metió Soraya dándole todas las teles de su duopolio a Iglesias. El miedo guarda la Moncloa, atisbó Mariano que se sentó en las escaleras de su palacio para asistir al ‘seppuku’ del PSOE, al asesinato de la risa de Podemos y al temblor de Ciudadanos, tan apocado por el estrecho margen del apocalipsis que dejó todas sus certidumbres a los pies de Susana Díaz, que desde Sevilla se comió a Sánchez de un bocado con César Luena tan inmóvil, tan afligido y congelado en su renuncia a su otrora líder, que aunque la maniobra tenga todos los visos de traición ha quedado sepultada por el cúmulo de irrelevancias protagonizadas desde su despacho madrileño. Trump en la Casa Blanca y Ceniceros en el Palacete. Conjunción astral verdadera mal que le pese a Pedro Sanz, senador en el retiro de oro de sus señorías y silente ante las declaraciones de José Ignacio (él hablará donde tiene que hablar, como ha hecho siempre). Los delfines los carga el diablo. Mariano no se junta con José María y Ceniceros, con ese decir suyo tan callado, le ha pegado un mandoble a Sanz que se ha escuchado hasta en los predios de Villamediana, incluso más allá de su Casa Consistorial y de los caminos de tierra. Donald en América anda con su rascacielos; aquí las peleas son como más de andar por casa, más de frontón y porrón, con un casco de chorizo y un trocito de viña repartida. El año agoniza pero intentaremos seguir riéndonos más el que viene. A pesar de nosotros y de nosotras. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

24 diciembre, 2016

FELIZ NAVIDAD


MANNEQUIN CHALLENGE

El Mannequin Challenge de los munícipes logroñeses confieso que me dejó patidifuso. ¡Métete con ellos!, me dijo mi hijo cuando se lo enseñé mientras se tiraba por los suelos al ver a la alcaldesa a lo lejos de la escena aguantándose a duras penas la risa ante Paloma Corres (creo) que de pronto la pilla el cámara moviéndose y se desliza hacia el suelo a hurtadillas de Javier Merino, inconmovible él ante las maniobras que se sucedían tras sus trajeadas espaldas. Da para mucho el asunto, que si la corporación congelada e inmóvil, que si el aroma a improvisación de la escena (un poco quiero y no puedo), que si la musiquita de fondo, que si no tienen nada mejor que hacer, que si tal y que si cual. Pero es tan tierna la cosa que no dan ganas ni de hacer sangre. Eso sí, yo echo de menos que hubieran llamado a los concejales de la oposición, no a los de Ciudadanos que ya se sabe que no hubieran ido por lo que puedan decir de ellos ya que de ellos se puede decir más bien poco porque de tanto que andan diciendo confieso que tienen a este pobre exvotante más bien aturdido y aburrido. Y además, no son oposición; están ahí todo el año en un perpetuo Mannequin Challenge e iba a contrastar con la impericia del resto. Yo digo a los del PSOE y a los de Cambia y al del PR, entremezclados con el belén, el árbol, los vendimiadores, los sofás blancos, la mesa, los estores y Yangüela, que lo borda. No así Pilar Montes, que se la ve forzadita, o Miguel Sáinz, que lucha con el escorzo pero que se tiembla como una espiga y con el que además se ceba la cámara sin piedad alguna. Hubiera sido precioso ver a Beatriz Arraiz poniendo el árbol con Cuca; a José Manuel Zúñiga ayudando a Yangüela con el Belén (él que es tan solidario) y a Rubén Antoñanzas multiplicándose por la navideña escena. Pero no, sólo salen los del PP y los vendimiadores. ¡Qué enorme pena navideña! # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

17 diciembre, 2016

CÓRDOBA SOLA Y YA SORDA

Escuché en la radio esta frase y todavía no he sido capaz de asumirla. «Quiero que me diga, estrictamente, qué artículo quiere usted apelar a que yo haga de cumplir del reglamento». Su autor, Juan Pablo Durán, presidente del Parlamento de Andalucía, la pronunció en un rifirrafe con una portavoz de la oposición en una de esas sesiones tediosas que se repiten cada semana en ese páramo que componen las cámaras legislativas regionales. Durán describió a la perfección con semejante artilugio sintáctico el paupérrimo nivel intelectual del ejército de políticos del segundo escalafón que pueblan los hemiciclos parapetados en el búnker de las listas cerradas, las regalías y las escaramuzas intestinas de cada partido. Durán, nacido en Córdoba, cuna de Luis de Góngora y Pablo García Baena, de Averroes, Séneca y Maimónides; solar de Fosforito y de Julio Romero de Torres, de Antonio Gala y Vicente Amigo. Córdoba, cercenada y sorda ya para no escuchar a Juan Pablo Durán destruir el idioma español hasta elevar las cotas de su asesinato a la más profunda raíz del esperpento. «Que yo haga de cumplir», aseveró su insigne señoría, estrictamente (sic) ataviada con corbata, levita y pluma. Apelar, que suena a cuchufleta y a rocambolesca jerigonza entre jurídica y tabernaria mientras la oposición no entendía nada, pero no porque cayera asombrada ante la frase del insigne presidente, no; no entendía porque no se escuchan. Digan lo que digan, no se escuchan, como aquel bellísimo poema de Baena: «El aire está esperando que de nuevo tu voz vuelva a oírse en el mundo». Mas no era la voz de Durán, acaso la de Góngora en uno de su sonetos: «Descaminado, enfermo, peregrino / en tenebrosa noche, con pie incierto / la confusión pisando del desierto / voces en vano dio, pasos sin tino». Como de Durán el terrible desatino y el triste conformismo de todo el pleno que no le afeó semejante trino. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

13 diciembre, 2016

FÚTBOL

La sociedad sobrevuela ciertas cuestiones con una mezcla de resignación e indiferencia: la pasta de los futbolistas es una de ellas y se asume con la misma naturalidad que los insultos en un estadio. Es fútbol, dicen, como si todo estuviera envuelto en una verdad revelada a modo de evangelio narcotizante. ¿Alguien se acuerda del presupuesto inicial del casi siempre medio vacío estadio municipal de Las Gaunas? Fue tal el desastre y el desfase económico entre lo planteado y el costo real de la ‘cosa’ que hasta el estudio arquitectónico Lamela ha abominado del campo y no aparece ni rastro del flamante estadio riojano en su ‘portfolio’ de trabajos. No importa la ruina, es fútbol vuelven a decir con aquel Ayuntamiento lavándose las manos y el Logroñés verdadero sepultado bajo montañas de deudas en el juzgado. Messi no sabe lo que firma; Ronaldo lo sabe muy bien y a Neymar le sueltan 77 ‘pavos’ por cada rúbrica que estampa en un ‘panini’. Son tan inmensamente ricos que defraudan con toda suerte de artificios e ingenierías contables. Cuando les pillan de verdad como le pasó a Lionel, va una recua de exaltados a aplaudirle al juzgado y sale su presidente a deslizar que se trata de una campaña del rival para intoxicar al ídolo y su prestigio. Es fútbol, el mismo que caza niños a soga de representantes en los cuellos ávidos de pasta de sus padres; el mismo que permite en esas mañanas de deporte educativo –que tanto he padecido– la falta de educación de progenitores aventados y furiosos ante decisiones arbitrales en partidos de muchachos de once años. Todo vale, desde goleadas absurdas que minan la moral de los más negados al vocerío de la grada familiar contra el trencilla de turno. Cuando era chaval había un tipo que se acompasaba al devenir del juez de línea en la banda de general de Las Gaunas para llenar de escupitajos sus espaldas. Poco ha cambiado el asunto. No importa, era fútbol. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

03 diciembre, 2016

NO ERAN SUS OJOS

Una película extraña de ciencia ficción que vi el sábado en el cine Moderno me puso frente a la evidencia de que me cuesta un mundo comprender la trama de las representaciones audiovisuales (el cine y las series). No les digo que me pierda con ‘La que se avecina’, pero casi. La extraña película del fin de semana disertaba sobre el dilema del tiempo y su linealidad porque los extraterrestres, que lucían forma de pulpo pero con siete tentáculos, tenían la capacidad de ir hacia adelante y hacia atrás de los acontecimientos a capricho, ab libitum, como el vino de Juan Carlos Sancha o como los cantes flamencos que se salen del compás preestablecido por el ritmo. No sé si los cefalópodos del universo eran capaces de nacer con antelación a sus padres pero la hija muerta de la protagonista había fallecido mucho antes de que su padre fuera el novio de la madre. Obviamente me pasó con la película lo que a Pedro Sánchez con su partido; no entendí nada, pero me fascinaba la música que como suspendida en el aire se abrazaba a la fabulosa nave donde vivían los pulpos marcianos. Al salir del cine le dije a mi mujer que me había gustado la peli pero que no había pillado el concepto, como de costumbre. Me miró y comenzó a desgranarme el guión con la precisión de un matemático colocando las incomprensibles piezas una encima de otra para construir un edificio portentoso de habilidades sensoriales. Hablaba, me explicaba las cosas y lo que parecía negro como la noche comenzó a amanecer como por arte de magia. No eran sus ojos esta vez, eran sus palabras. ¿Qué diablos hay debajo de mi yermo cuero cabelludo? No les sé responder. Lo siento. Quizás eco, resonancias, galleos, recortes, aforismos o definiciones. Poco más, se lo juro. Pero entendí una peli incomprensible gracias al amor, que es exactamente lo contrario a lo que había imaginado. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

HASTA SIEMPRE, MAESTRO

Existe un pequeño garaje al lado de Las Ventas donde el maestro Vidal escribía sus crónicas de San Isidro. El garage tiene un vigilante que deja consumir sus cigarrillos hasta casi quemarse las comisuras de sus labios. Allí, en una improvisada redacción, conectaba su portátil –“donde pone ‘phone’ lo pone”, contaba– y tras el discurrir agitado de sus dedos sobre el teclado, dos o tres pares de cigarrillos y su inevitable cafelito, casi por arte de magia –o de birlibirloque– surgían las más atinadas y bellas crónicas taurinas que imaginarse puedan. Ha muerto Joaquín Vidal, el maestro de la crítica, un periodista capaz de hacer estremecer a cualquiera cuando describía, por ejemplo, el caminar de la parada de cabestros de Sevilla, un natural de Rafael de Paula o al chulo de la puerta de toriles de la Monumental. Pero Joaquín, además de su carácter de periodista de una pieza, ha sido un firme defensor de una fiesta que amaba y que la concebía bajo el signo de la emoción. El maestro Vidal ha marcado una época en la crítica porque ha renovado el lenguaje y ha sido el feliz descubridor de un estilo de contar las cosas que hacía del periodismo taurino un espacio donde se podía encontrar a gusto cualquier lector, aunque no le interesara lo más mínimo las corridas de toros. En una entrevista concedida a Pla Ventura, decía que “el periodista se debe a los lectores y tiene la obligación de ejercer con honestidad absoluta la libertad de expresión, ha de estar preparado para la tarea, informando sobre la materia que trata, ser veraz y comportarse con modestia. Una vez dicho (y comprobado) lo que tiene que decir, con asunción inequívoca de lo publicado, deja de ser protagonista de nada. Y hasta la próxima”. Ahora, por fin, se encuentra a salvo de tanto derechazo, de los borregos toros comerciales que detestaba y de las figuras monótonas y repetitivas que asolan el negro panorama de la fiesta. Pero el vacío que deja será imposible de llenar. Hasta siempre, maestro. o Este artículo lo escribí tras la muerte de Joaquín Vidal en Diario La Rioja.

26 noviembre, 2016

LA ESPAÑA PUTREFACTA

Hay una parte de esta España nuestra tan putrefacta y hostil a la inteligencia que dan ganas de exiliarse a la Ínsula de Barataria sanchopancesca o a cualquier otro lugar real o imaginario donde no salpique tanto lodo y tanta bilis. La muerte infartada de Rita Barberá, increíblemente pronosticada por Cospedal en un programa de televisión y telegrafiada la mañana del miércoles con la frialdad de un escalpelo, ha colocado al país frente al espejo de la mediocridad de una buena parte de sus élites y de la bajeza moral del resto. Murió Rita senadora sola en un hotel frente a las Cortes, extrajeron sus restos en una especie de carrito hasta la ambulancia, y después de muerta comenzó un ultraje en las redes al estilo de lo que sucedió tras el óbito del torero Víctor Barrio en julio. Luego, Pablo Iglesias le negó un minuto de silencio haciendo gala de una cobardía solo comparable a la de muchos de los compañeros de Rita, que estando en vida la negaron y le retiraron hasta el saludo en los pasillos de la Cámara, en las calles de su Valencia y en los despachos de la sede de Génova. La hicieron culpable en vida en televisiones y periódicos, pena de Telediario, rechazo social sin derecho a defenderse y sin juicio alguno que no tuviera que ver con la checa en la que estamos convirtiendo a la España de las naciones y de la biodiversidad cultural estrictamente necesaria para mantener un gigantesco sistema de intereses y medianías. Me muero de la risa y de la pena cuando dice Pablo Iglesias que Rita Barberá es el símbolo de la corrupción en España. Da igual, murió Rita el miércoles pero llevaba muerta mucho tiempo; se la había despellejado viva, asaeteado como a San Sebastián, estoy convencido de que hasta yo mismo ya pensaba de ella que era lo peor de lo peor de la España putrefacta. 
# Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

20 noviembre, 2016

¡VIVA EL REY!

A fuerza de sandeces la gente de Podemos va a conseguir que me convierta en monárquico, no por convencimiento sino por comparación; no como estrategia política sino por puro descarte ante lo que se presume como alternativa. Alberto Garzón escribió ayer en su Twitter que «nos visita un extraño a las votaciones, el ciudadano Felipe de Borbón», y como muchos de sus conmilitones, se presentó en el Congreso de los Diputados con una escarapela republicana. Y es precisamente eso lo que no entiende ni quiere entender buena parte de esta izquierda republicana de la II República que utiliza su afán propagandístico para desvirtuar una de las esencias consagradas por la Constitución Española, votada por la inmensa mayoría de los ciudadanos y en la que democráticamente se instauró en España una Monarquía Constitucional, es decir, una Jefatura del Estado legítima, democrática y sancionada por el voto del Pueblo Español. Decir que «nos visita un extraño a las votaciones», además de ser una especie de aberración lingüística supone una falsedad absoluta, un ejercicio de demagogia que sólo aspira a colocar su pensamiento y opinión por encima del resto. Gracias a la Constitución y al esfuerzo de la Monarquía para salir de la Dictadura con un régimen de consenso, se ha logrado transformar a España en una Democracia europea tras siglos de ostracismo: todos los españoles tenemos derecho a opinar libremente sobre lo que se desee, a opinar sin miedo a que no nos descerrajen un tiro en la cabeza y nos dejen en una cuneta tirados, cosa que sucedía en la II República y en la Dictadura de la que nos salvó esa Constitución que tanto desprecian. Es fácil la impostura, es el camino sin regreso, es una vuelta atrás en la historia. Estas sandeces lo que me recuerdan es a los espadones del XIX que entraban a caballo en el Congreso. Por eso, como republicano grito bien alto: ¡Viva el Rey! # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

11 noviembre, 2016

PELO MALO

Hay muchas cosas que desconozco de Donald Trump pero lo que me fascina es su peinado, esa especie de onda hertziana con alma de voluta que le crece a media altura de la frente. Su color es raro e indefinido, quiere ser rubio, pero apunta tonos entre manzanas asadas y cobrizos, aunque este extremo varía en consonancia de la luz ambiente, de los focos y la durabilidad de la mezcla de tintes que incorpora a su arsenal de cuidados capilares. Donald Trump tiene un pelo imposible de definir, un pelo sustentado en el equilibrio mayestático de las lacas, los champúes y las manos que se lo trabajan cada mañana, después de la siesta e inmediatamente antes de meterse a la cama, ya que para mantener esa obra de ingeniería pilosa hay que dormir con gorrito sí o sí, dormir mirando al techo y no dejarse caer de lado a no ser que disponga de un juego de almohadas que le protejan –vaya usted a saber cómo– del más mínimo aplastamiento a su castigado cuero cabelludo. Un tipo con un peinado así no puede perder mucho tiempo en otra cosa que no cuidar su puro narcisismo. Se propuso ser presidente de los Estados Unidos de América y ha ganado las elecciones superando a los Demócratas y destrozando a su partido, desmintiendo a las encuestas y pasando por encima de Hollywood, The New York Times, ABC, NBC, la CNN, Madona y Bruce Springsteen que han visto palidecer su apuesta contra el magnate de la misma forma que se ha esfumado su poder de influencia en buena parte de la sociedad norteamericana. Trump y sus opositores han utilizado el mismo argumento: el del miedo. Los grandes medios al primitivo Trump y Trump al pánico primario al extranjero. Miedo al pelo malo suyo tengo yo, pero no un medio estético sino un miedo al miedo que provoca un tipo que para peinarse necesita un ingeniero. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.

06 noviembre, 2016

Y MARIANO NO ME LLAMÓ

He llevado una semana mala, se lo juro. Menos mal que ayer Mariano no me llamó. Me temía lo peor, ya me veía yo de ministro atribulado en el paisaje de una legislatura tan arbórea como la que viene y estrenando despacho y cartera con un horizonte más o menos corto y sin poder dar rienda suelta a mis extravagantes ideas sobre el futuro trazado del AVE o en el diseño del nuevo plan de Piscifactorías. He estado todos estos días temiendo al móvil, al número largo y raro que sin duda tiene la Moncloa. Lo apagaba a eso de las diez de la noche y hasta las nueve de la mañana no he sido capaz de arrancar y meter el código secreto. Qué tiempos más duros tuvieron que ser los del motorista que se plantaba en la puerta de tu casa con el telegrama anunciándote.... Como si el guardia fuera una especie de Arcángel San Gabriel con la buena nueva del edicto presidencial susurrándote al oído ¡vente para Madrid! Pero no, vuelvo a ser ministrable, que es una de esas condiciones raras que cumplimos millones de españoles sin saberlo o no. Y yo que lo sé –se lo juro– he sentido un alivio eterno y desdramatizado, como el de tantos me imagino, aunque unos pocos no hayan dormido por si no les llamaban. ¿Puede haber algo peor que ser ex-ministrable? «Nos tienen rodeados», cuentan que le espetó Franco a un prohombre del régimen cuando le preguntó al generalísimo las razones por las que le había sacado del consejo de Ministros. Yo ya me temía lo peor cuando en las quinielas no contaban conmigo, porque Mariano, que es muy gallego, goza en su despacho poniendo equis y crucecitas a los pronósticos de los periódicos. Eso sí, yo me conformo con una embajada. Pero me temo que va a ser que tampoco porque nos tienen rodeados, huérfanos y hasta un poco hartos, me atrevería a decir. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

30 octubre, 2016

YO, MI, ME, CONMIGO

Pablo Iglesias tiene un problema muy serio con Pablo Iglesias. Yo, mi, me, conmigo; siempre él, constantemente rodeado de una cohorte de aduladores chiripitifláuticos o estrafalarios que ríen sus gracias o desgracias con las que quiere no sólo convertir el hemiciclo en el de club de la comedia, sino enjalbegar la enorme falacia que ha demostrado ser desde que apareció fulgurantemente en la vida pública española con un partido que como logotipo tenía su carita. Algo así como el PNV, que transformó su bandera, su himno y hasta su policía política en los símbolos de su propio país. Iglesias cometió un error histórico cuando tuvo la posibilidad de formar gobierno con el PSOE; pero lejos de buscar el diálogo y el consenso con el partido (ya muy roto) de Sánchez y Luena, se pasó de frenada y exigió para sí la vicepresidencia y no se sabe cuántas regalías más. Su torpeza nos llevó a las segundas elecciones y, obviamente, a su fracaso electoral y al desastre de una izquierda que él no puede, ni debe, ni sabe capitanear más allá de las palabras huecas, de los eslóganes y de sus absurdas gracietas de delegado de clase en la cafetería de la ‘facu’. El gran drama de la izquierda española es que se ha dejado secuestrar por sus ínfulas: primero se tragó a IU, de la que ya sólo queda Garzón como una confluencia más de Podemos; y después a buena parte de un PSOE que ha adoptado esa especie de pose antisistema de Iglesias y que le está conduciendo no sólo a una pelea interna brutal sino a perder gran parte de la esencia de un partido que es sistémico porque fue uno de los pilares sobre los que se ha construido la España actual. Yo, mi, me, conmigo insultó ayer a todos los parlamentarios, hizo chistes, gracietas y demás faramalla. Se rió una vez más del PSOE, levantó su puño, adulóse…, mas no dijo nada. Sólo el yo, mi, me, conmigo que corearon sus señorías podemitas y algún cronista. # Este artículo lo he publicado en Diario LA RIOJA

21 octubre, 2016

PALOMAS MUERTAS POR LAS RAMBLAS

A pesar de la sentencia de Tribunal Constitucional de ayer en la que se anuló la decisión del Parlament de prohibir los toros en Cataluña, las corridas de toros no volverán a la Monumental ni a ninguna de las plazas de toros que quedan todavía por allí. No hay nada que hacer. La señora Ada Colau, la misma que destina más de 400.000 euros para sacrificar a miles de inocentes palomas barcelonesas, ha dicho claramente que no va a permitir matanzas de toros porque la sociedad a la que ella representa es históricamente muy avanzada. Todo el mundo sabe que no es lo mismo un toro que una paloma, aunque sea de Picasso, que también pintaba toros y palomas, esas ratas del aire con alma de torcaces que tan poca compasión despiertan en la señora Colau, alcaldesa que ha escrito un tuit en el que asegura que no volverán los toros a su ciudad, «diga lo que diga el TC». El animalismo de Colau es comparable al de Rufián o al de Garzón o al del diputado del PSC Jordi Terrades, que ha declarado que «acompañarán al Govern» en la búsqueda de fórmulas jurídicas que «hagan imposible que vuelvan las corridas de toros a tierras catalanas». Y en ese imposible cabe todo lo imaginable para que el dueño del coso barcelonés ni se atreva a soñar con llamar a José Tomás (y dos más) -por ejemplo- para devolver los toros por derecho a una ciudad a la que se los extirpó no por cualquier cosa que mínimamente tuviese que ver con el respeto a los animales, sino por ser un símbolo de España, de esa misma España de la que abominan y sueñan con destruir. Cada día en Barcelona mueren miles de patos, palomas, cerdos y gallinas, pero no le importa absolutamente una higa a nadie, como los correbous, a los que no prohibieron porque no eran tan españoles como las corridas. No habrá toros, ni ley; pero habrá miles de palomas muertas por las ramblas a los pies de la señora Ada Colau. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

15 octubre, 2016

AFICIONADO INSIGNE

De igual modo que escribió Mariano de Cavia, el gran ‘Sobaquillo’, y haciendo mío uno de sus célebres despejos, tengo a gala proclamarme caballero en un jamelgo, a guisa de alguacilillo, entro en la arena, saludo, tomo la palabra y digo: el presidente que fue pero que lo sigue siendo –aquí de la cosa única, amén de parlamentario en la antigua tabacalera– y en Madrid segundo timonel con rango senatorial, acaba de ser nombrado por la reales huestes del más taurino alcanfor ‘Aficionado Insigne’. Premio Nacional ‘Cossío’, nada más y nada menos, para don Pedro María, del que cordialmente les gloso el variopinto relato de sus logros conseguidos para la insigne fiesta del riesgo. Las vacas en Igea recorren sus callejuelas y rematan su resuello en una plaza que por nombre lleva –¡oh cielos!– el de don Pedro María, al que cada año contemplamos, desde un portal refugiado, lanzar valerosos pescozones a la indómita grey bravía. A veces baja a Rincón al toro de San Miguel donde bien es cierto que puso en riesgo su piel y una vez tomó un capote como si fuera un mandil en una fiesta cañí de su tropa más pueril. Aficionado conspicuo es; seguro que distingue un volapié de un par a la remanguillé. Y se sabe al dedillo que los toros de Lesaka bajaron desde la agreste Navarra y que una vez tomado asiento a orillas de Guadalquivir dieron renacimiento a los procaces saltillos. O aquellos dos presidentes del logroñés redondel a los que despojaron de sus pañuelos por orden gubernamental y fueron sustituidos por otros dos de Las Ventas para solaz general. Premio Nacional ‘Cossío’ para don Pedro María; ‘Aficionado Insigne’ para su señoría. ¡Olé, olé y olé!, qué bella fiesta la brava, qué reluciente fortuna para un arte inmemorial al que los políticos usan para su bien personal. A la izquierda, a la derecha, en redondo o al natural, todo me parece poco en un mundo tan floral. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja