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EL PP NO EXISTE

Las toneladas de basura que se acumulan en las alcantarillas del Partido Popular de Madrid y en sus entornos económicos y mediáticos vapulean una vez más (y hasta la náusea) la imagen de la fuerza política más votada de España y la que ostenta el gobierno en la figura cada vez más insostenible de Mariano Rajoy. Es alucinante la forma en la que se sujeta impávido en lo alto de palo mayor sin que aparentemente le incomode nada lo más mínimo (excepto Rivera, al que no soporta como no aguantaba la legislatura pasada a Rosa Díez). El PP ya no existe; se ha convertido en una especie de franquicia franquiciada y franquiciadora de poder e intereses donde es una utopía atisbar un proyecto más allá de las ambiciones personales de sus dirigentes. Soraya sujeta el mástil de Mariano (ésta frase no es literal) y al día siguiente saca los mastines del CNI y sus terminales periodísticas a pegar mandobles a Cospedal, tan bella como inquietantemente inútil y enfrascada en su particular guerra contra l…

LA ETA ES LA MUERTE

La ETA, que es la forma que más le duele que le digan (y que por eso hago mía con alborozo), lleva no sé cuánto tiempo radiografiando su derrota, contando su naufragio y a la vez queriendo dibujar (con unos muchos que le ayudan) un nuevo relato donde vale lo mismo la víctima y el verdugo. Como ganó la batalla de lenguaje, la ETA y sus voceros se han apropiado de la palabra paz como si hubiera sido su conquista. Y es una sucia mentira. Ellos no han traído la paz; intentaron sepultarla bajo coches bomba, disparos en la nuca y ese catálogo de salvajadas que han perpetrado durante décadas en nombre de una patria a la que mancharon con la sangre de los demás. La ETA es la gran mentira de la España contemporánea. Nació en la mentira, intentó destrozar la Transición y llenó de dolor la Democracia al mismo tiempo que una buena parte del llamado pueblo vasco miró hacia otro lado cuando unos pocos tenían que revisar los bajos de su coche por si los amigos de la muerte habían decidido ‘hacer ju…

LOS PICAOS DE SAN VICENTE DE LA SONSIERRA

Ayer, Jueves Santo, estuve en San Vicente de la Sonsierra, un bellísimo pueblo de La Rioja Alta al que suelo ir a trasegar vino o a comer en Casa Toni, un restaurante excepcional en el que Chuchi Sáez Monge deleita el paladar de una forma sencillamente inconmensurable. A decir verdad, no recuerdo otras circunstancias que me hayan hecho parar por este lugar, el mismo sitio, por cierto, donde vi por primera vez el sombrero de hollejos de la fermentación en la Cooperativa de la Sonsierra, en lo alto de un gigantesco depósito de acero inoxidable de casi tres pisos de altura. San Vicente huele a vino. En su calles se amontonan varias de las mejores bodegas del universo, a la sombra protectora de la Sierra Cantabria. Se diría que el mismo pueblo parece encaramarse sobrevolando el Ebro en una colina desde la que se divisa a lo lejos el Castillo de Davalillo, y más cerca, otra hermosura de piedra: Briones, ciudad mística donde a decir de mi buen amigo Miguel Ángel de Gregorio, un bodeguero e…

RECUERDOS DE CAMARÓN

Camarón se fuma el enésimo cigarrillo en la portada de un disco. Y en su contra, acaso difuminada, torea una vaquilla con una camisa de lunares recogía con un nudo pirata a la altura del ombligo. Es 'La Leyenda del Tiempo', la obra por la que me aficioné al flamenco a pesar de que los puristas dijeran, sin darse tregua, que aquello no era cante jondo y que el de la Isla había traicionado lo más sagrado del flamenco: la pureza. Confieso que al principio no entendía absolutamente nada; a mí me flipaba su voz de Dios juvenil y apolíneo con la que me endulzaba los oídos con ese Romance del Amargo de Federico García Lorca; con los poemas orientales de Omar Kayan o la luz sonora y felina de Fernando Villalón, aquel ganadero surrealista y poeta que buscaba toros con los cuernos verdes y que suspiraba sus lamentos por las marismas con la garrocha al hombro. Decían que Camarón no cantaba flamenco; que es algo así como aseverar que Velázquez no pintaba o que Cervantes no sabía escribir…

RECETA PARA PERDER EL TIEMPO

De niño quería ser mayor para mandar sobre mí mismo sin que nadie me impusiera atadura alguna; para carecer de horarios y seguir ganduleando por las calles hasta que me diera la gana sin tener que irme a dormir cuando más me apetecía tener los ojos boquiabiertos y las uñas despiertas. De niño, como Juan Belmonte, soñaba con irme a cazar leones a Masai Mara, rescatar princesas en Bangladesh o aventurarme en el río Xindú del Mato Grosso para pescar pirañas asesinas y comérmelas después a la luz de un atardecer transido de gaviotas mientras pavoneaba mi hombría ante los indígenas. Pero pronto, mucho más pronto de lo que yo mismo preveía, acabé estudiando periodismo en Bilbao e intercambiando las pirañas por algún torvo catedrático en esas aburridas clases en las que mi imaginación se disipaba entre los montes de Venus de mis amigas y la cordillera Cantábrica; todo eran cumbres, al fin y al cabo, me decía. De niño soñaba que era posible la aventura más allá de los mapas, de las creencias…

ATEO CRISTIANO

Cuando se atisba la Semana Santa en el horizonte más próximo del calendario me suele entrar por el cuerpo un temblor extraño. No soy especialmente creyente, aunque culturalmente me defino como hacía Oriana Fallaci: ateo-cristiano. No creo en Dios pero estoy sumido por una cultura que se entrevera con la religión en casi cualquiera de sus manifestaciones. Desde el dios recién nacido de diciembre al que van a matar los romanos en apenas una semana; tres días después todo será júbilo y llegará el Corpus y más tarde ese rosario de vírgenes de verano y santos de alcoba de los calendarios. Con ellos vendrán las cosechas y los primeros vinos; santos de mayo labradores, ingeniero alguno, también gañanes, mitad beatos y mitad hoplitas que se esconden en libros que casi nadie lee. Pero me quiero detener en la semana santa barroca de España, en la de los cristos mortecinos por las calles y las vírgenes rotas de dolor mirando el destino del hijo concebido de milagro sin haber yacido con hombre a…

CUCA

Había un silencio entreverado de silencio en la mirada de Cuca el sábado en Riojafórum. Un silencio de sueños rotos y de esperanzas desvanecidas, depositadas en una agónica carrera que ha durado unas semanas y que simbólicamente comenzó en Santa Coloma, exactamente donde imagino que debía de haber acabado. A Cuca le han escamoteado el tiempo precisamente alguno de esos a los que ya se les había agotado el tic-tac de sus relojes; el tiempo no tiene compasión ni con el propio tiempo y la paradoja de la alcaldesa era que venía vestida con avíos de futuro pero a hombros de costaleros del ayer. Ha habido en estas semanas una guerra de trincheras soterradas, de teléfonos que escupían reproches con acentos; una especie de tierra quemada donde las lealtades más hondas se han resquebrajado con estrépito. La mirada emocionante de Cuca es la más frágil e inteligente, la suya propia, sin consejeros ni estrategias de corrillos ni intereses, de despachos que vuelan entre los que dicen ser y no son…

MARAVILLOSA INTIMIDAD

Canciones que necesitaban ser cantadas, canciones que estaban en la memoria, impresas en el tiempo, luminosas, únicas, inolvidables... pero que no se merecían el silencio que había decretado el tiempo deteniéndolas en los anaqueles donde las cintas magnetofónicas duermen en sueño de los justos ante el desconcierto que a buen seguro les provocan las nuevas tecnologías, los ya desfasados ‘cedés’ o la música en ‘streaming’. Lole y Manuel en esencia misma de la pura esencia de su sentido más íntimo. Dolores Montoya, Manuel Molina y ahora su hija Alba Molina Montoya colocando las cosas en su sitio gracias a un concierto de maravillosa intimidad para poner un colofón de nácar a los conciertos del Salón de Columnas de esta inolvidable XXI edición de los Jueves Flamencos. Quizás, la de Alba ha sido la actuación más diferente de estas dos décadas de conciertos. No se escuchó el cante por siguiriyas, por soleá, por tientos, pero hubo compás de todos esos cantes, acentos de todos los estilos, e…

Alba Molina: "El flamenco tiene unas formas muy profundas"

Alba Molina canta a Lole y Manuel esta noche a partir de las 21 horas en el Salón de Columnas con el toque de Joselito Acedo 

Alba Molina, con la guitarra de Joselito Acedo, cierra esta noche (21 horas) los conciertos del Salón de Columnas del Teatro Bretón. La artista, que no se define como cantaora, presenta en Logroño la que asegura que es la obra «más importante de mi vida». Alba Molina canta a Lole y Manuel, canta a sus padres y a una forma musical basada en el flamenco pero que se introduce de lleno en la órbita de lo absolutamente contemporáneo por las formas tan especiales e inimitables de Lole y Manuel (recientemente fallecido) de hacer música. -¿Se siente flamenca? -Me siento más gitana que flamenca. Soy gitana por los cuatro costados; es una manera de vivir con la que me identifico por mis orígenes, por la inercia de mi vida y por mi forma de ser, aunque haya cosas de lo que se entiende por gitano con las que no esté de acuerdo. Ser flamenco es otra cosa y no es patrimonio s…

LA MALA HOSTIA

Existe en algunas personas un desconsuelo congénito, un íntimo deseo de impotencia que les hace descargar sus frustraciones en los demás como si depositaran en el fondo de una maleta las fotos más ajadas de su existencia, o lo que es peor, las instantáneas que nunca se pudieron sacar porque cuando el fotógrafo les pidió un momento de atención estaban pensando en cómo anular algún anhelo a uno de sus amigos e importunarle en su felicidad. Quizás el encanto de la vida resida en algo tan sencillo como ponerse en ocasiones en el lugar de los otros; es decir, preguntarse de cuando en vez cómo nos sentaría tal o cual amargura si el destinatario fuéramos nosotros mismos y no un señor bajito que pasaba por allí. Pero no, corazón, la mala hostia se irradia como un algoritmo metafísico y mientras nosotros nos ponemos a cubierto, no importa que caigan chuzos de punta y venablos sobre los demás para experimentar esa honda satisfacción que provoca la jodienda en los cuerpos extraños. Qué no haya …

PIRINEOS RIOJANOS

El otro día andaba con mi amigo Justo Rodríguez paseando viñedos en distintos parajes de Aldeanueva y Quel y de pronto asomé mi cabeza al horizonte y divisé a lo lejos una especie de franja blanca contenida en el cielo. Allá por donde el infinito se confunde con nubes blancas que forman una especie de tirita levemente sonrosada –asombrosamente sostenida en la misma divisoria y sobrevolando confines de manera grandiosa– aparecieron ante mis ojos los fabulosos Pirienos, como si alguien los hubiera puesto ahí para que los pudiera observar en toda su magnitud. Era impresionante y más todavía al ser consciente de que aquella mole estaba a cientos de kilómetros y era posible disfrutarla desde las tierras del Alhama o los viñedos más encaramados de Yerga. Tan lejanos pero tan nítidos a la vez, como si se pudieran tocar alargando un poquito el brazo. Ayer, sin embargo, ni estaba con mi amigo Justo ni paseaba entre viejas garnachas; aporreaba el ordenador hasta que por la magia de ‘twitter’ m…

CELIA ASPIRA A REINA

Los Jueves Flamencos continúan su camino en el calendario instalados en la excelencia. Los dos últimos conciertos entrañaban el riesgo de lo desconocido para la mayor parte de los aficionados: la veterana Antonia Contreras y la novísima Celia Romero. Y ambas actuaciones han sido magníficas y como prueba de ello no hacía falta otra cosa que ver la forma en la que los aficionados, puestos en pie, despidieron este jueves a la artista extremeña y a Paco Cortés después de algo más de una hora de entrega absoluta y de cante grande. Celia Romero es un tesoro, un portento de flamencura y pasión por el cante, un diamante increíble que con apenas veinte años lo tiene todo por decir y cantar. Posee una de esas voces cinceladas por el tiempo, una voz con acento oscuro y rancio; vieja y nueva a la vez, poderosa, con ese punto de rango salvaje que tanto conmociona en el flamenco. Pero es una voz que todavía tiene que evolucionar y matizar esos relieves que si la cantaora sigue por este camino de p…