03 diciembre, 2016

NO ERAN SUS OJOS

Una película extraña de ciencia ficción que vi el sábado en el cine Moderno me puso frente a la evidencia de que me cuesta un mundo comprender la trama de las representaciones audiovisuales (el cine y las series). No les digo que me pierda con ‘La que se avecina’, pero casi. La extraña película del fin de semana disertaba sobre el dilema del tiempo y su linealidad porque los extraterrestres, que lucían forma de pulpo pero con siete tentáculos, tenían la capacidad de ir hacia adelante y hacia atrás de los acontecimientos a capricho, ab libitum, como el vino de Juan Carlos Sancha o como los cantes flamencos que se salen del compás preestablecido por el ritmo. No sé si los cefalópodos del universo eran capaces de nacer con antelación a sus padres pero la hija muerta de la protagonista había fallecido mucho antes de que su padre fuera el novio de la madre. Obviamente me pasó con la película lo que a Pedro Sánchez con su partido; no entendí nada, pero me fascinaba la música que como suspendida en el aire se abrazaba a la fabulosa nave donde vivían los pulpos marcianos. Al salir del cine le dije a mi mujer que me había gustado la peli pero que no había pillado el concepto, como de costumbre. Me miró y comenzó a desgranarme el guión con la precisión de un matemático colocando las incomprensibles piezas una encima de otra para construir un edificio portentoso de habilidades sensoriales. Hablaba, me explicaba las cosas y lo que parecía negro como la noche comenzó a amanecer como por arte de magia. No eran sus ojos esta vez, eran sus palabras. ¿Qué diablos hay debajo de mi yermo cuero cabelludo? No les sé responder. Lo siento. Quizás eco, resonancias, galleos, recortes, aforismos o definiciones. Poco más, se lo juro. Pero entendí una peli incomprensible gracias al amor, que es exactamente lo contrario a lo que había imaginado. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

HASTA SIEMPRE, MAESTRO

Existe un pequeño garaje al lado de Las Ventas donde el maestro Vidal escribía sus crónicas de San Isidro. El garage tiene un vigilante que deja consumir sus cigarrillos hasta casi quemarse las comisuras de sus labios. Allí, en una improvisada redacción, conectaba su portátil –“donde pone ‘phone’ lo pone”, contaba– y tras el discurrir agitado de sus dedos sobre el teclado, dos o tres pares de cigarrillos y su inevitable cafelito, casi por arte de magia –o de birlibirloque– surgían las más atinadas y bellas crónicas taurinas que imaginarse puedan. Ha muerto Joaquín Vidal, el maestro de la crítica, un periodista capaz de hacer estremecer a cualquiera cuando describía, por ejemplo, el caminar de la parada de cabestros de Sevilla, un natural de Rafael de Paula o al chulo de la puerta de toriles de la Monumental. Pero Joaquín, además de su carácter de periodista de una pieza, ha sido un firme defensor de una fiesta que amaba y que la concebía bajo el signo de la emoción. El maestro Vidal ha marcado una época en la crítica porque ha renovado el lenguaje y ha sido el feliz descubridor de un estilo de contar las cosas que hacía del periodismo taurino un espacio donde se podía encontrar a gusto cualquier lector, aunque no le interesara lo más mínimo las corridas de toros. En una entrevista concedida a Pla Ventura, decía que “el periodista se debe a los lectores y tiene la obligación de ejercer con honestidad absoluta la libertad de expresión, ha de estar preparado para la tarea, informando sobre la materia que trata, ser veraz y comportarse con modestia. Una vez dicho (y comprobado) lo que tiene que decir, con asunción inequívoca de lo publicado, deja de ser protagonista de nada. Y hasta la próxima”. Ahora, por fin, se encuentra a salvo de tanto derechazo, de los borregos toros comerciales que detestaba y de las figuras monótonas y repetitivas que asolan el negro panorama de la fiesta. Pero el vacío que deja será imposible de llenar. Hasta siempre, maestro. o Este artículo lo escribí tras la muerte de Joaquín Vidal en Diario La Rioja.

26 noviembre, 2016

LA ESPAÑA PUTREFACTA

Hay una parte de esta España nuestra tan putrefacta y hostil a la inteligencia que dan ganas de exiliarse a la Ínsula de Barataria sanchopancesca o a cualquier otro lugar real o imaginario donde no salpique tanto lodo y tanta bilis. La muerte infartada de Rita Barberá, increíblemente pronosticada por Cospedal en un programa de televisión y telegrafiada la mañana del miércoles con la frialdad de un escalpelo, ha colocado al país frente al espejo de la mediocridad de una buena parte de sus élites y de la bajeza moral del resto. Murió Rita senadora sola en un hotel frente a las Cortes, extrajeron sus restos en una especie de carrito hasta la ambulancia, y después de muerta comenzó un ultraje en las redes al estilo de lo que sucedió tras el óbito del torero Víctor Barrio en julio. Luego, Pablo Iglesias le negó un minuto de silencio haciendo gala de una cobardía solo comparable a la de muchos de los compañeros de Rita, que estando en vida la negaron y le retiraron hasta el saludo en los pasillos de la Cámara, en las calles de su Valencia y en los despachos de la sede de Génova. La hicieron culpable en vida en televisiones y periódicos, pena de Telediario, rechazo social sin derecho a defenderse y sin juicio alguno que no tuviera que ver con la checa en la que estamos convirtiendo a la España de las naciones y de la biodiversidad cultural estrictamente necesaria para mantener un gigantesco sistema de intereses y medianías. Me muero de la risa y de la pena cuando dice Pablo Iglesias que Rita Barberá es el símbolo de la corrupción en España. Da igual, murió Rita el miércoles pero llevaba muerta mucho tiempo; se la había despellejado viva, asaeteado como a San Sebastián, estoy convencido de que hasta yo mismo ya pensaba de ella que era lo peor de lo peor de la España putrefacta. 
# Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

20 noviembre, 2016

¡VIVA EL REY!

A fuerza de sandeces la gente de Podemos va a conseguir que me convierta en monárquico, no por convencimiento sino por comparación; no como estrategia política sino por puro descarte ante lo que se presume como alternativa. Alberto Garzón escribió ayer en su Twitter que «nos visita un extraño a las votaciones, el ciudadano Felipe de Borbón», y como muchos de sus conmilitones, se presentó en el Congreso de los Diputados con una escarapela republicana. Y es precisamente eso lo que no entiende ni quiere entender buena parte de esta izquierda republicana de la II República que utiliza su afán propagandístico para desvirtuar una de las esencias consagradas por la Constitución Española, votada por la inmensa mayoría de los ciudadanos y en la que democráticamente se instauró en España una Monarquía Constitucional, es decir, una Jefatura del Estado legítima, democrática y sancionada por el voto del Pueblo Español. Decir que «nos visita un extraño a las votaciones», además de ser una especie de aberración lingüística supone una falsedad absoluta, un ejercicio de demagogia que sólo aspira a colocar su pensamiento y opinión por encima del resto. Gracias a la Constitución y al esfuerzo de la Monarquía para salir de la Dictadura con un régimen de consenso, se ha logrado transformar a España en una Democracia europea tras siglos de ostracismo: todos los españoles tenemos derecho a opinar libremente sobre lo que se desee, a opinar sin miedo a que no nos descerrajen un tiro en la cabeza y nos dejen en una cuneta tirados, cosa que sucedía en la II República y en la Dictadura de la que nos salvó esa Constitución que tanto desprecian. Es fácil la impostura, es el camino sin regreso, es una vuelta atrás en la historia. Estas sandeces lo que me recuerdan es a los espadones del XIX que entraban a caballo en el Congreso. Por eso, como republicano grito bien alto: ¡Viva el Rey! # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

11 noviembre, 2016

PELO MALO

Hay muchas cosas que desconozco de Donald Trump pero lo que me fascina es su peinado, esa especie de onda hertziana con alma de voluta que le crece a media altura de la frente. Su color es raro e indefinido, quiere ser rubio, pero apunta tonos entre manzanas asadas y cobrizos, aunque este extremo varía en consonancia de la luz ambiente, de los focos y la durabilidad de la mezcla de tintes que incorpora a su arsenal de cuidados capilares. Donald Trump tiene un pelo imposible de definir, un pelo sustentado en el equilibrio mayestático de las lacas, los champúes y las manos que se lo trabajan cada mañana, después de la siesta e inmediatamente antes de meterse a la cama, ya que para mantener esa obra de ingeniería pilosa hay que dormir con gorrito sí o sí, dormir mirando al techo y no dejarse caer de lado a no ser que disponga de un juego de almohadas que le protejan –vaya usted a saber cómo– del más mínimo aplastamiento a su castigado cuero cabelludo. Un tipo con un peinado así no puede perder mucho tiempo en otra cosa que no cuidar su puro narcisismo. Se propuso ser presidente de los Estados Unidos de América y ha ganado las elecciones superando a los Demócratas y destrozando a su partido, desmintiendo a las encuestas y pasando por encima de Hollywood, The New York Times, ABC, NBC, la CNN, Madona y Bruce Springsteen que han visto palidecer su apuesta contra el magnate de la misma forma que se ha esfumado su poder de influencia en buena parte de la sociedad norteamericana. Trump y sus opositores han utilizado el mismo argumento: el del miedo. Los grandes medios al primitivo Trump y Trump al pánico primario al extranjero. Miedo al pelo malo suyo tengo yo, pero no un medio estético sino un miedo al miedo que provoca un tipo que para peinarse necesita un ingeniero. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.

06 noviembre, 2016

Y MARIANO NO ME LLAMÓ

He llevado una semana mala, se lo juro. Menos mal que ayer Mariano no me llamó. Me temía lo peor, ya me veía yo de ministro atribulado en el paisaje de una legislatura tan arbórea como la que viene y estrenando despacho y cartera con un horizonte más o menos corto y sin poder dar rienda suelta a mis extravagantes ideas sobre el futuro trazado del AVE o en el diseño del nuevo plan de Piscifactorías. He estado todos estos días temiendo al móvil, al número largo y raro que sin duda tiene la Moncloa. Lo apagaba a eso de las diez de la noche y hasta las nueve de la mañana no he sido capaz de arrancar y meter el código secreto. Qué tiempos más duros tuvieron que ser los del motorista que se plantaba en la puerta de tu casa con el telegrama anunciándote.... Como si el guardia fuera una especie de Arcángel San Gabriel con la buena nueva del edicto presidencial susurrándote al oído ¡vente para Madrid! Pero no, vuelvo a ser ministrable, que es una de esas condiciones raras que cumplimos millones de españoles sin saberlo o no. Y yo que lo sé –se lo juro– he sentido un alivio eterno y desdramatizado, como el de tantos me imagino, aunque unos pocos no hayan dormido por si no les llamaban. ¿Puede haber algo peor que ser ex-ministrable? «Nos tienen rodeados», cuentan que le espetó Franco a un prohombre del régimen cuando le preguntó al generalísimo las razones por las que le había sacado del consejo de Ministros. Yo ya me temía lo peor cuando en las quinielas no contaban conmigo, porque Mariano, que es muy gallego, goza en su despacho poniendo equis y crucecitas a los pronósticos de los periódicos. Eso sí, yo me conformo con una embajada. Pero me temo que va a ser que tampoco porque nos tienen rodeados, huérfanos y hasta un poco hartos, me atrevería a decir. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

30 octubre, 2016

YO, MI, ME, CONMIGO

Pablo Iglesias tiene un problema muy serio con Pablo Iglesias. Yo, mi, me, conmigo; siempre él, constantemente rodeado de una cohorte de aduladores chiripitifláuticos o estrafalarios que ríen sus gracias o desgracias con las que quiere no sólo convertir el hemiciclo en el de club de la comedia, sino enjalbegar la enorme falacia que ha demostrado ser desde que apareció fulgurantemente en la vida pública española con un partido que como logotipo tenía su carita. Algo así como el PNV, que transformó su bandera, su himno y hasta su policía política en los símbolos de su propio país. Iglesias cometió un error histórico cuando tuvo la posibilidad de formar gobierno con el PSOE; pero lejos de buscar el diálogo y el consenso con el partido (ya muy roto) de Sánchez y Luena, se pasó de frenada y exigió para sí la vicepresidencia y no se sabe cuántas regalías más. Su torpeza nos llevó a las segundas elecciones y, obviamente, a su fracaso electoral y al desastre de una izquierda que él no puede, ni debe, ni sabe capitanear más allá de las palabras huecas, de los eslóganes y de sus absurdas gracietas de delegado de clase en la cafetería de la ‘facu’. El gran drama de la izquierda española es que se ha dejado secuestrar por sus ínfulas: primero se tragó a IU, de la que ya sólo queda Garzón como una confluencia más de Podemos; y después a buena parte de un PSOE que ha adoptado esa especie de pose antisistema de Iglesias y que le está conduciendo no sólo a una pelea interna brutal sino a perder gran parte de la esencia de un partido que es sistémico porque fue uno de los pilares sobre los que se ha construido la España actual. Yo, mi, me, conmigo insultó ayer a todos los parlamentarios, hizo chistes, gracietas y demás faramalla. Se rió una vez más del PSOE, levantó su puño, adulóse…, mas no dijo nada. Sólo el yo, mi, me, conmigo que corearon sus señorías podemitas y algún cronista. # Este artículo lo he publicado en Diario LA RIOJA

21 octubre, 2016

PALOMAS MUERTAS POR LAS RAMBLAS

A pesar de la sentencia de Tribunal Constitucional de ayer en la que se anuló la decisión del Parlament de prohibir los toros en Cataluña, las corridas de toros no volverán a la Monumental ni a ninguna de las plazas de toros que quedan todavía por allí. No hay nada que hacer. La señora Ada Colau, la misma que destina más de 400.000 euros para sacrificar a miles de inocentes palomas barcelonesas, ha dicho claramente que no va a permitir matanzas de toros porque la sociedad a la que ella representa es históricamente muy avanzada. Todo el mundo sabe que no es lo mismo un toro que una paloma, aunque sea de Picasso, que también pintaba toros y palomas, esas ratas del aire con alma de torcaces que tan poca compasión despiertan en la señora Colau, alcaldesa que ha escrito un tuit en el que asegura que no volverán los toros a su ciudad, «diga lo que diga el TC». El animalismo de Colau es comparable al de Rufián o al de Garzón o al del diputado del PSC Jordi Terrades, que ha declarado que «acompañarán al Govern» en la búsqueda de fórmulas jurídicas que «hagan imposible que vuelvan las corridas de toros a tierras catalanas». Y en ese imposible cabe todo lo imaginable para que el dueño del coso barcelonés ni se atreva a soñar con llamar a José Tomás (y dos más) -por ejemplo- para devolver los toros por derecho a una ciudad a la que se los extirpó no por cualquier cosa que mínimamente tuviese que ver con el respeto a los animales, sino por ser un símbolo de España, de esa misma España de la que abominan y sueñan con destruir. Cada día en Barcelona mueren miles de patos, palomas, cerdos y gallinas, pero no le importa absolutamente una higa a nadie, como los correbous, a los que no prohibieron porque no eran tan españoles como las corridas. No habrá toros, ni ley; pero habrá miles de palomas muertas por las ramblas a los pies de la señora Ada Colau. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

15 octubre, 2016

AFICIONADO INSIGNE

De igual modo que escribió Mariano de Cavia, el gran ‘Sobaquillo’, y haciendo mío uno de sus célebres despejos, tengo a gala proclamarme caballero en un jamelgo, a guisa de alguacilillo, entro en la arena, saludo, tomo la palabra y digo: el presidente que fue pero que lo sigue siendo –aquí de la cosa única, amén de parlamentario en la antigua tabacalera– y en Madrid segundo timonel con rango senatorial, acaba de ser nombrado por la reales huestes del más taurino alcanfor ‘Aficionado Insigne’. Premio Nacional ‘Cossío’, nada más y nada menos, para don Pedro María, del que cordialmente les gloso el variopinto relato de sus logros conseguidos para la insigne fiesta del riesgo. Las vacas en Igea recorren sus callejuelas y rematan su resuello en una plaza que por nombre lleva –¡oh cielos!– el de don Pedro María, al que cada año contemplamos, desde un portal refugiado, lanzar valerosos pescozones a la indómita grey bravía. A veces baja a Rincón al toro de San Miguel donde bien es cierto que puso en riesgo su piel y una vez tomó un capote como si fuera un mandil en una fiesta cañí de su tropa más pueril. Aficionado conspicuo es; seguro que distingue un volapié de un par a la remanguillé. Y se sabe al dedillo que los toros de Lesaka bajaron desde la agreste Navarra y que una vez tomado asiento a orillas de Guadalquivir dieron renacimiento a los procaces saltillos. O aquellos dos presidentes del logroñés redondel a los que despojaron de sus pañuelos por orden gubernamental y fueron sustituidos por otros dos de Las Ventas para solaz general. Premio Nacional ‘Cossío’ para don Pedro María; ‘Aficionado Insigne’ para su señoría. ¡Olé, olé y olé!, qué bella fiesta la brava, qué reluciente fortuna para un arte inmemorial al que los políticos usan para su bien personal. A la izquierda, a la derecha, en redondo o al natural, todo me parece poco en un mundo tan floral. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

08 octubre, 2016

OPORTUNISTAS

El político es oportunista por naturaleza; la esencia misma de la cuestión ha generado personajes con una capacidad, se diría que asombrosa, para carecer de cualquier identidad asentada e intercambiarla por la que proceda en el momento que las circunstancias así lo aconsejen para su crecimiento personal. Sánchez fue la baza de Susana Díaz cuando ésta se temía que el PSOE podía girar a la izquierda si Madina llegaba a la Secretaría General del partido. Pero Sánchez buscó su espacio y comenzó a abandonar aquella posición inicial poco a poco hasta repeler a la nomenclatura socialista clásica (incluido Madina) por su alocada búsqueda de apoyos para llegar a la Moncloa. Lo hizo primero con el ‘Pacto del abrazo’ con Ciudadanos y las malas lenguas aseguran que estaba preparando una especie de ‘Frankestein’ de partidos con Podemos, sus confluencias y los nacionalistas catalanes de la mano de Iceta, que parece empeñado en llevar al PSOE al último de los cataclismos que nos queda por ver. Sánchez intercambió posiciones como Santi Vila, conseller de Cultura de la Generalitat, español sobrevenido (culturalmente) pero independentista catalán no por nacionalista. No, sino porque dice que «hay una atrofia de organización y reparto de poder del Estado que ha provocado que Cataluña se sienta incómoda. Hay un reparto económico injusto y político distorsionado que disloca». Vila tiene hasta un premio taurino, el que le concedió la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña ‘A la defensa de las libertades’, por su inequívoco posicionamiento a favor de la pervivencia de la tauromaquia. Pero lo hicieron consejero y cambió, y se olvidó de aquello y de lo que fuera menester olvidarse: «Hoy en día se impone una nueva espiritualidad que tiene que ver con la vida en general y que es respetuosa con los animales», ha dicho el pajarito. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

29 septiembre, 2016

EL BURLADOR, BURLADO

Existe un hombre en el ojo mismo del huracán, en el epicentro de la sima más profunda, en la mismísima diana del núcleo irradiador, un tipo aferrado a sí mismo que deambula por todos los precipicios y que a pesar de ir acumulando una incomparable suerte de derrotas y palos electorales ha sido capaz de lograr algo inaudito: engañar a Felipe González, burlar al burlador más perfecto de la Democracia, enfrascar al gran genio de la Bodeguilla, de entrada no y de salida tampoco, amigo íntimo de Pujol, míster X, jefe directo de personajes infames para nuestra historia como Barrionuevo, Corcuera (el de la patada en la puerta) o Rafael Vera, con el que se abrazó a la entrada de la cárcel cuando aquel secretario de Estado de Seguridad fue condenado a siete años de prisión como autor de un delito continuado de malversación de caudales públicos. «Ni hay pruebas ni las habrá», decía Felipe... Sánchez, este hombre espigado y apenado, rodeado por todos los suyos girando con la caballería en torno a su pequeña aldea irreductible y con la doña andaluza comiéndole los pies como una termita, ha conseguido el milagro de confundir al maestro de Filesa, Malesa y Time-Export, aquel conglomerado de un presidente que dejó el Gobierno con 3,5 millones de parados y un nivel tal de corrupción y desconfianza en las instituciones públicas que lo de la impresentable Rita Barberá palidece como una margarita en la canícula. «El 29 de junio me explicó que pasaba a la oposición, que no intentaría ningún gobierno alternativo y que votaría contra la investidura del Gobierno del PP, pero que en segunda votación pasarían a la abstención para no impedir la formación de gobierno», ha dicho Glez. que le dijo Sánchez. Uno de los dos miente, o los dos, o todo es una estrategia o una calamidad, o una forma de enterrar el PSOE con Pablo Iglesias aplaudiendo con las orejas. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

25 septiembre, 2016

PONCISTAS EN ACCIÓN

Enrique Ponce se desparramó el lunes en La Ribera sentándose en el estribo herido en su orgullo más íntimo porque Manuel González, presidente de la corrida, no le había concedido la segunda oreja, decisión acertada para unos y equivocada para la mayoría (entre los que me encuentro). Se acomodó Enrique en el estribo cariacontecido y hundido como si la dichosa oreja fuera una cuestión de Estado, una necesidad primordial para seguir viviendo, el último clavo ardiendo donde agarrar el futuro de su carrera. Ponce sin la segunda oreja en Logroño parecía un tipo decapitado con una gestualidad desafiante y exagerada, a pesar de sus 27 años de alternativa y su impresionante trayectoria vestido de luces. No me imagino yo a Antonio Ordóñez o a ‘El Viti’ montando una tremolina como la de Ponce del otro día en La Ribera, aunque llevara razón el torero valenciano en su reclamo orejil. Pero si lo que hizo Enrique, recién nombrado cofrade del vino de Rioja, no me gustó, peor fue lo escrito por el más sectario de su periodistas de cámara, Del Moral, con el que en ocasiones se fotografía fundido en fraternales abrazos: «El castigo le llegará al dichoso sujeto de la afrenta (por el presidente del coso de La Ribera) desde los infiernos… Y las tripas se le revolverán cada día que le resta de vida hasta los inaguantables retortijones finales de su tristísima muerte que espero y deseo tarde muchos años suceder». (sic) Del Moral es algo así como los espejos cóncavos y convexos del Callejón del Gato, el periodismo esperpéntico en su máxima expresión, lo más rancio de la caverna ‘poncista’, ese grupillo de asalariados que vagan por las plazas al rebufo del gran torero de Chiva. Si yo fuera Ponce procuraría que semejante sujeto con pluma en ristre no me viera ni en pintura, y como cofrade de Rioja le prohibiría hasta el vino. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

22 septiembre, 2016

LA IZQUIERDA ULTRAMONTANA

Cada día me siento más perseguido por la izquierda ultramontana, neo-comunista y retrógrada que nos ha tocado vivir. Cuando tenía dieciocho años me apunté a aquella incipiente Izquierda Unida porque creía que los valores que abrumaban mi conciencia juvenil de libertad e igualdad no podían estar mejor representados que en las siglas de lo que consideraba como herederos de las idealizadas Brigadas Internaciones, el Che, Rosa Luxemburgo y la Teología de la Liberación. En mi cabeza quería que convivieran Bakunin y Troski, Durruti y Andreu Nin, Ernesto Cardenal, Silvio Rodríguez y los miles de exiliados republicanos que acabaron en campos nazis como Mauthausen, marcados con el osceno triángulo azul de los apátridas, con una S (de spanier o español) en el centro. Aquella izquierda ideal quizás nunca existió, o quizás sí (prefiero pensar lo segundo), pero de lo que estoy absolutamente convencido es que la de ahora es pura y peligrosa filfa, con un PSOE patidifuso y sin un mensaje diferencial al del PP, ambos dramáticamente convertidos en plataformas de poder y de trampolín social y laboral para una gran parte de sus cuadros. Aquella izquierda del otro lado se ha convertido en una especie de conglomerado rendido al nacionalismo más intransigente (las CUP, las Mareas o Bildu) para diluir su mensaje en una insípida retórica plagada de convencionalismos y tópicos. Todo vale. Hay una estrategia de adueñarse de cualquier movimiento para depurarlo primero y ponerlo después a los pies de su conglomerado de medios e intereses. Al mismo tiempo se vacían de memoria porque caminan por la cuerda floja del tópico y la única respuesta a artículos como éste es que el que lo escribe es un facha, y encima taurino. Es decir, lo peor de lo peor. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

08 septiembre, 2016

CALOR

Te trepa. En mi caso comienza por los pies, por el dedo gordo concretamente. Allí se instala una especie de braserillo que consigue llegar con el tiempo a la oreja derecha, exactamente donde acaba deslizándose un pequeño manantial salino y abotargado que se convierte en un lago hirviente, algo así como un glacial pero al revés con el contacto con las gafas. Las cejas parecen atolones, la nariz mía en agosto es un espigón y arde como nunca en un septiembre desbocado de acería y altos hornos por Jorge Vigón. Fuego tenso que comienza a iluminarse pronto y que se desparrama por los espacios que marca el reloj con una brasa que se pega por la noche en unas sábanas empapadas de suero del alma de vulcano. Te trepa y se apodera de cada poro, de cada pliegue, de cada instante donde se resumen minutos extendidos como si fueran horas en azogue, lumbre y asaduras culminadas de nuevo en una respiración sincopada y agitada. Nace en el gordo dedo y sube hasta la coronilla espesa y con tonsura que me adorna desde que de joven me convertí en un viejo prematuro, sin pelo y sin coleta. Sol que se esconde pero que parece estar, sol venenoso que rebota en las paredes y se multiplica en el suelo de baldosas ardientes pero sin deseo. El sol no trae amor en las piscinas coquetas de las urbanizaciones, se disipa en el agua con un ritmo de colores inexactos en bikinis, bañadores y taparrabos. La moda de verano impone a gente con calzones por las calles, pelillos al aire que desafían la cordura con la insensatez del divo o culos altivos de jóvenes aprendices de adolescentes que desafían a la gravedad del conformismo. Hay palomas con menos vuelo, con menos apreturas y yo me escondo en los portales porque no atino a ver lo que me depara el sueño de los días sin siesta. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

05 septiembre, 2016

SORAYA Y LOS SORAYOS

Cada vez resulta más desagradable asomarse a este diálogo de sordos en el que se han convertido los debates parlamentarios para la ‘no-investidura’ de Pedro Sánchez en marzo y de Mariano Rajoy en este cálido y lento final del verano. Como diría Jon Juaristi, nos hemos instalado en una especie de bucle melancólico en una cámara de bajas resonancias que es en realidad en lo que se ha convertido el Congreso de los Diputados, un espacio tan lleno como vacío, totalmente repleto de señorías y singularmente hueco de entidad. Se sabe lo que va a pasar siempre porque el diálogo es tan efímero como falso: las palabras serpentean monocordes, trepan por los escaños hasta llegar a las Trompas de Eustaquio de los representantes del pueblo para chocar con la orden del partido, que es el punto de partida de este caos de la ingobernabilidad. Es puro teatro, como la vida misma. Cada uno en su papel, cada cual en su castillo, todos protegiendo la viña de su latisueldo, del chollo del parlamentario aplaudidor/chiflador según le manden desde la jefatura del grupo. Todos y cada uno dicen lo mismo, repiten sardónicos el mensaje en melancólico bucle de supervivencia. Nada nuevo bajo el sol, nueva legislatura que se les va de las manos entre improperios y bloqueos; a la espera de un derrape inesperado de Pedro y César Luena, que es la verdadera ‘mente gris’ socialista de este descalabro electoral. Como dijo Carmona, «hemos pasado de los peores resultados de la historia, a los peores resultados de la historia». Toda una hazaña replicada por un PP donde se multiplican los ‘sorayos’, muchachos y muchachas de obediencia debida a Mariano y a sus dos manos derechas, la de Soraya y la de Soraya, que aunque parece una son dos y esperan que a Rajoy le hagan irse para, entonces, proclamarse una y trino, señora suma del PP. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

28 agosto, 2016

EN EL FONDO ERA EL ORO


Francamente, a estas alturas del verano, con el sopor y el bochorno a cuestas y a las espaldas, no sé si me da más miedo la confusión del verbo haber con el ver o unas terceras elecciones. «Haber, qe e echo yo para merecer esto!». Así llegó a mi dispositivo el aserto, este sindiós ortográfico, esta turbamulta de palabras desvestidas, desaliñadas, vacías de la dignidad que les otorga la lengua y que las vacía el habla de la nueva escritura digital fingida en una especie de inframundo en el que da lo mismo arre que so. Es como freír una tortilla sin huevo, batir la cáscara, pelar una naranja con una cuchara, explicarme a mí lo que es un alineamiento morfosintáctico o inflar la rueda de un coche con un paraguas en una mano y en la otra tratando de escribir a máquina con la voz ronca. Los tuits definen la infamia, los mensajes cortos la desnudan y los políticos saltan, que puede parecer que es lo mismo que brincar, pero no. Rajoy salta obstáculos, Pedro los brinca, que suena igual, aunque le dé lo mismo a Levy, que le pasa como a este incauto (o sea, yo), que me siento incapaz de distinguir el pádel del golf aunque su amiga y compatriota se lance como una pértiga hasta la medalla de oro en salto de altura. En el fondo era el oro, en el fondo es la forma. La forma define la huella, la no forma la deforma. Por eso ya no temo a unas terceras elecciones, porque a lo mejor «se an hido todos», porque la Navidad tomaría otro color, otra sustancia, con los niños de San Ildefonso electorales confundiendo a César Luena con Ana Pastor y nuestros candidatos locales haciendo guiños y debates por los pueblos y aldeas con un nuevo aguinaldo en el bolsillo. Y el país hirsuto (que no irsuto), más tieso que una mona gozando en el lodo electoral ‘haber’ quién gana porque todos sabemos que irse, lo que se dice irse, ni locos. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

24 agosto, 2016

LA ‘EXPAÑA’ OTEGUIANA

Óscar Romero, sucesor de Diego Cañamero en el SAT –ahora diputado de Podemos– ha pedido la independencia de Andalucía. Con la soberanía andaluza «se facilitaría el desarrollo económico y social», y ha rematado el aserto puntualizando que aunque «los procesos catalán y vasco están en una situación más avanzada, de lo que se trata es de organizarse desde abajo para que se escuche la voz del pueblo». Romero asegura que «somos nacionalistas para ser internacionalistas, porque un trabajador es lo mismo en cualquier lugar». Jordi Turull, presidente del grupo de ‘JxSí’ y dirigente del PDC (es decir, lo que va quedando de CiU), acaba de descolgarse con lo siguiente en plan adivino: «Si todo sale como lo tenemos previsto, en las Fiestas de Gracia de 2017 ya habremos proclamado la independencia de Cataluña». A su lado Mireia Vehí, de la CUP, que aboga por el referéndum unilateral: «Es el mecanismo que más nos legitima ante la comunidad internacional», dijo. Puigdemont no le anda a la zaga a la CUP y se pone pitoniso: «Los que hoy combaten un Estado catalán intentarán gobernarlo». Es la gran metáfora de la ‘Expaña oteguiana’, en la que la etarra Elena Beloki (salida de la cárcel hace dos semanas) cierra la lista de EH Bildu de Guipúzcoa, esa misma lista que quiere encabezar el ínclito Arnaldo: «Seguiré haciendo campaña diga lo que diga el Tribunal Constitucional», proclama por todos los lados en un desesperado desafío a la legalidad y a la dignidad, con sus voceros instalados en determinados medios y en evidentes sectores que navegan en el sí pero no, en la ambigüedad. Y es evidente que no es posible ser lánguido ante esta realidad centrífuga en la que se ha instalado un país después de dos elecciones y con pocos visos claros de poder formar una mayoría constitucional para hacer a esta ‘Expaña oteguiana’ en la más invertebrada de las Españas. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

11 agosto, 2016

ATADO Y BIEN ATADO

Todo permanece en su sitio en esta España confusa donde puede amanecer un gobierno –o puede que no, que diría Rajoy– en el momento exacto en el que César Luena y Pedro Sánchez decidan hacer caso a un tal Felipe González que parece opositar a catedrático emérito de la FAES a poco que se estire unas semanas más el denominado bloqueo. Y digo que todo está igual que siempre porque después de asomarme al espectáculo de Puigdemont con la guitarra y el ‘Let it be’ traído al mundo por Pilar Rahola, he llegado a la conclusión por mí mismo (y en compañía de nadie) que no puede haber espectáculo más carpetovetónico que la muchachada cortesana de @KRLS (Puigdemont en el twitter) haciéndole los coros en pantaloneta y leyendo a la vez en el móvil la letra de la canción. Lo mismo que aquella escopeta nacional de Franco con la nomenclatura del régimen, pero a lo secesionista, con una completa representación del ‘stablismenth’ independentista: Joan Laporta, el comisario jefe de los Mossos de Esquadra, una presentadora importante de TV3, un alto ejecutivo de Grupo Zeta, una celebrity y una joyera. Es decir, la creme de la creme cantando su amor al celular de Pilar Rahola, tan guay ella con la CUP taladrando debajo de la mesa o haciendo agujeritos a la guitarra de un Puigdemont en bermudas. Es complejo caer más abajo estéticamente hablando. Es la sublimación de lo feo, de lo mediocre, de lo estrafalario que lidera lo que queda de aquella sociedad vigorosa que hace unos años era Cataluña. Y estos son los líderes, los periodistas afines, los ejecutivos de los grandes medios, el actor, la presentadora, el expresidente del Barça con sus gafas de sol y su copita dorada de cava pillando cámara en ese afán suyo de protagonismo intelectual: ¿Cómo no recordarle quedándose en cueros en un aeropuerto? Todo atado y bien atado. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

06 agosto, 2016

EL PAÍS DE LOS NADIES

España se ha convertido en el país de los nadies. Nadie nos gobierna, la presunta oposición al fantasmagórico ejecutivo inexistente la lidera nadie; nadie les cree, nadie les aconseja, nadie les escucha. Hay jueces que quieren dejar a un niño en nadie. En la España de los que no existen te puedes llamar Telesforo pero no Lobo; te puedes apellidar Lobo, como Juan Lobo, pero no empadronarte como Lobo en la tierra de Mohamed o de Dioscórides; te puedes llamar Stalin Pérez. Puedes ser Gonzalo Gonzalo, incluso León León, pero no Lobo Lobo, como ‘homo sapiens sapiens’, que es el apellido de fondo de todos nosotros, incluso del presidente ausente y de los opositores que dudan entre seguir siendo los otros en legislaturas huérfanas o convertirse en estatuas de sal entre montones de diputados y senadores anónimos y congelados. Ese hemisferio largo de ‘culiparlantes’ de los que sólo sabemos cuando profieren cambalaches con sus votos para precipitarse en la bancada del grupo de los vascos, tal y como se ha desplomado de su escaño la riojana señoría de Calahorra para aposentarse en Usúrbil. Es decir, la votamos aquí para hacer bulto allí. No sé si sabe el juez censor de nombres que Lobo López es un superhéroe de barrio de Kiko Veneno que sufría de amor y que tragaba saliva cuando su amor se le iba. Lobo López (lobo hijo de lobo), qué gran tipo, y qué buen inquilino de la Moncloa podría ser si hubiera terceros comicios. Yo le votaba mucho antes que a los nadies que ocupan la cúspide en el país de lo negado, donde no te puedes llamar Lobo pero sí apellidarte Bárcenas, donde los nombres absurdos campan a sus anchas mientras se añora lo imposible. Como decía Agustín García Calvo: sólo de lo negado canta el hombre, sólo de la añoranza, siempre de lo mismo. Salir quiere y no puede, su jaula es él mismo. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

28 julio, 2016

EL QUIJOTE ARRASA EN YALE

En el mundo ideal y moderno que propone Roger Schank (Nueva York, 1946), profesor de Yale y uno de los más reputados expertos internacionales en Inteligencia Artificial, estudiar El Quijote o la obra de Shakespeare en el instituto es un error, porque en realidad lo que «te tienen que enseñar es cómo tener una vida mejor y ser más feliz». Y es que según Schank, «es importante ayudar a los niños a descubrir lo que más les gusta y para ello hay que ofrecerles programas abiertos y dejarles que decidan». El docente de Yale asegura que con programas de realidad virtual «se pueden simular operaciones con pacientes reales y así puede descubrir cada alumno si realmente le apasiona la medicina». Éste es el futuro, amigos. Desterremos el álgebra, la trigonometría, el latín y toda la obra entera de Valle Inclán, García Lorca, Stefan Zweig y muy decididamente la tortuosa de mi admirado Emil Cioran, que ya pronosticó en su momento que «sin Bach, Dios sería una figura completa de segunda clase». Para el profesor neoyorkino la gran causa del atraso italiano es que en los institutos se enseña latín y el álgebra se comporta una especie de religión inútil. Nunca comprendí el alma de las ecuaciones, lo reconozco; tampoco vi claro los pies de la métrica latina ni el fluido compás de los pentagramas. La naturaleza, Dios o Cioran debieron de lanzar mi mente al bello y fútil ejercicio de la contemplación. Leí El Quijote a saltos; a Seicho Matsumoto sin orden ni concierto y a Guillermo Fadanelli cuando me voy de vacaciones y salgo a la terraza en esas noches de verano aplastantes y tórridas. No sé qué diablos es la Inteligencia Artificial, quizás sea el aria sacra de Bach que escucho mientras escribo esta tontería y me asombro por algunas chorradas que nos llegan de Yale, un nombre que a mí me sabe a equipo de baloncesto. ¿O no? # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja